Vía de escape y de encuentro, eso es la literatura para Marylín Diéguez Pinto, quien a los 18 años, partió hacia Rumania, directamente de la campiña de San Carlos, de donde es oriunda.
"No tenía miedo. Iba con el entusiasmo que da saber que se camina en dirección de alcanzar una meta".
Esa anhelada meta era volver con un título universitario para salir de la pobreza.
El pueblo rumano era muy acogedor y le abrió los brazos. Lo que sí le llamó la atención era que el conocimiento de la geografía era muy limitado, de Panamá sólo conocían el Canal. Estaba muy encasillado en su historia, en sus luchas y no en la de otras naciones y culturas, a diferencia del panameño que conoce al menos algo de historia universal.
En Rumania se tituló como bióloga. Regresó a Panamá y laboró como auxiliar de profesores de investigación en la Universidad de Panamá. Luego, partió a España con otra beca para estudiar el doctorado. "No quería ser profesora sobaquera, que sólo carga libros debajo del sobaco. Quería seguir yendo al campo a recolectar datos". Vivió en España hasta 1989. Sus hijos le ayudaron a pasar las fichas para la tesis doctoral sobre distribución de moluscos en el Pacífico de Panamá. Identificó como 700 especies.
Su esposo, un ingeniero panameño, se quedó rezagado. No marchaba a su ritmo en superación y metas. El matrimonio trastabillaba. En 2002-2003, ya ella sentía que no tenía metas. Que las había alcanzado todas. Llegó hasta a pensar y decir que bien podía morir mañana.
Fue entonces que la literatura llegó a ella o ella a la literatura, como tabla de salvación.
Como lo suyo no eran las letras, sino los hechos, las evidencias, que es lo que exige la investigación científica, se animó a ingresar al Diplomado, en Creación Literaria que dicta el Prof. Enrique Jaramillo Levi, "porque sentía que necesitaba algo para validar lo que estaba haciendo", meterse en un terreno en el que no era experta. Aunque, ya había escrito cientos de documentos técnicos sobre el país para presentaciones y cumbres internacionales.
"El diplomado para mí como que me ha dado la autorización, el permiso, la licencia para escribir literatura. Estoy dispuesta a aceptar la crítica".
Marylín Diéguez Pinto ha sabido valerse de su capacidad de observación y sensibilidad ante la belleza y riqueza de la naturaleza para regalarnos con escritos que presentan cuadros sobre hechos cotidianos de un extremo a otro del país, que se conoce como la palma de la mano por su tarea como investigadora y recolectora de datos acerca de los valiosos moradores del hábitat que son las plantas y animales.
Del quehacer del que bien puede ser y es el mejor amigo y enemigo de la naturaleza, el ser humano, también se ocupa esta escritora cuya vocación científica nació desde la adolescencia y quien es la Supervisora de la Unidad de Calidad del Agua en la ACP (Dirección de Ambiente).