El Papa debe ser enterrado en la cripta de la Basílica de San Pedro no antes de cuatro días ni después de seis, a menos que el propio Pontífice lo haya dispuesto de otra forma en su testamento. El encargado de las exequias es el Colegio Cardenalicio (Formado en el año 1,150 con un Decano, que es el Obispo de Ostia, y un Camarlengo, el administrador de los bienes).
En el Capítulo V de la Constitución Apostólica Dominici Gregis, promulgada en 1996 por Juan Pablo II, se detallan todas estas ceremonias. El artículo 27 del Ordo Exequiarium Romani Pontificis dice que "Tras la muerte del Romano Pontífice, los cardenales celebrarán las exequias en sufragio de su alma durante nueve días consecutivos".
Según el rito, "el Penitenciario Mayor", que es un cardenal que puede confesar y perdonar en nombre del Pontífice, lo vestirá con los hábitos pontificales para la solemnidad del entierro. Luego, los restos mortales son colocados en una de las salas del Palacio Vaticano en una especie de tarima, y de allí se transportan a la Basílica de San Pedro, donde se exponen para recibir el homenaje de los creyentes antes del funeral solemne.
El Anillo del Pescador es de oro muy fino, tiene un peso de onza y media, (alrededor de 38 gramos), y ha sido utilizado desde Eugenio IV (1431-1444). Lleva grabado el nombre del Papa que lo esté usando y tiene una figura en relieve de San Pedro pescando en la barca.
El Papa usa otro anillo en su mano derecha con el que es enterrado, también de oro, liso o con alguna figura.
El cuerpo del Papa es colocado dentro de tres ataúdes empotrados uno dentro del otro: el primero o exterior es de madera de olmo pulida; el segundo o del centro es de plomo, y el último es de madera de ciprés, la que se considera incorruptible, y está forrado con terciopelo color púrpura.
Antes de cerrar el ataúd, lo que habitualmente se hace en la Basílica de San Pedro, se introduce un pergamino con una analogía de los hechos más destacados del Pontificado escritos en latín clásico.
Junto al cadáver son ubicadas tres bolsas de piel curtida (cordobán) de color rojo, con monedas de oro, plata y cobre acuñadas durante su Pontificado.
Cuando se cierran los ataúdes, los de ciprés y de plomo se amarran con cordones de seda morados y los extremos se unen con una cera derretida en la que el cardenal camarlengo estampa el escudo de armas del Pontífice.
El Camarlengo debe vigilar para que no se tomen imágenes del Papa antes de que esté vestido con los hábitos pontificales, y además tiene que encargarse de la destrucción del Anillo del Pescador, que es el sello que da autenticidad a los documentos papales. Todos los sellos del Papa son destruidos y entonces se retira del dedo el Anillo del Pescador, símbolo del poder pontificio, y es machacado junto con el sello de plomo del Papa.