Christian Bale, quien encarna a Batman en "The Dark Knight", una de las películas más esperadas del año, confesó que poco tiene que ver con el multimillonario y presuntuoso Bruce Wayne, su álter ego en la ficción: "No me considero una estrella, sólo soy un bastardo afortunado".
Este actor galés, en zapatillas deportivas, con camisa y pantalón claros y perilla arreglada, aguarda la entrevista agazapado en su particular "bat-cueva", en realidad la suite de un céntrico hotel de Beverly Hills.
Se le nota cansado, pero su profesionalidad le impide contestar con réplicas cortas. "Sería muy fácil perder la orientación en mi vida si creyera que merezco respirar un aire diferente al de los demás", admitió.
"Estoy aquí porque disfruto la actuación, analizar los personajes y ponerme en la piel de otras personas, pero no hay ni un ápice de hombre de negocios en mi cuerpo", continuó.
"He hecho algunas cintas exitosas que me han puesto aquí y me permiten elegir proyectos, pero sé que esta fama puede acabar en cualquier momento y sé que estaré preparado", reconoció. "Creo en la suerte gracias a lo que me ha pasado".
Bale cuenta que en esta cinta veremos a un Batman maduro, que ha sufrido, que tiene responsabilidad y poder para hacer el bien, pero al que no se le reconoce su labor.
"Bruce Wayne quiere acabar con Batman porque nunca planeó ser un guardián permanente y porque cuanto más se entrega a él, más se sacrifica su vida personal", añadió. "Busca ceder el testigo a una persona íntegra, que luche contra el crimen y la corrupción de Gotham (el fiscal Harvey Dent), pero se da cuenta de que no puede dejar este símbolo que ha creado y que le absorbe por completo".
En "The Dark Knight", Bale vuelve a coincidir con Michael Caine y Morgan Freeman y en la cinta emerge una figura que reclama gran parte de la atención: el Joker de Heath Ledger, un papel que le podría deparar al difunto intérprete australiano un Oscar póstumo.