Desde la ventana se divisan unas diez personas sentadas frente a pantallas de computadoras encendidas... pero en blanco. Al entrar a esa antigua mansión del barrio Providencia, al oriente de la capital chilena, el ruido que entremezcla voces humanas y metálicas indica que este no es un "ciber-café" cualquiera.
Un bastón acompaña a un "mouse" sobre el escritorio, un perro descansa junto a una silla y, a diferencia de otros lugares para conectarse a la Internet, de las paredes no cuelgan carteles, sino sólo estantes con libros escritos en braille.
"Este no es un ciber-café, nosotros decimos acá que es un "no-ver café"", bromea Mario Hiriart, presidente de la fundación privada Biblioteca Central de Ciegos y gestor del primer "cibercafé" para invidentes del país.
"Según la información que hemos podido sacar de la red, no sería sólo el primero de Chile, sino que ésta debiera ser la primera experiencia de un ciber-café para no videntes en Latinoamérica y no tenemos antecedentes de que existan muchos otros en el mundo", comentó.
La idea surgió de la fundación privada chilena Biblioteca Central de Ciegos, como una respuesta a la falta de comunicación que reclama gran parte de los 250.000 invidentes de Chile, que viven entre una masa de 15 millones de habitantes.