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Cine cubano, duro pero cariñoso retrato de la isla


No tiene nada que ver con un multimillonario escenario de Hollywood. Pero la destartalada estación de autobuses en las afueras de La Habana es un escenario perfecto para la irónica mirada de la última película cubana sobre la vida diaria en la isla. Montones de automóviles oxidados crían moho fuera de una sala de espera de muros descascarados. La propaganda comunista a favor de la austeridad doméstica luce en tablones de anuncios al lado de carteles prohibiendo escupir o apoyarse en las paredes.
Podría tratarse de cualquier estación de transportes de Cuba durante la severa recesión sufrida desde que fue abandonada en 1990 por su principal socio económico, la ex Unión Soviética. Pero se trata de un viejo casino olvidado durante 40 años, y convertido en estación de autobús para la película "Lista de espera", la última producción de la cinematografía cubana, todavía muy valorada a pesar de su escasez de medios.
Al igual que sus recientes predecesoras aclamadas internacionalmente como "Fresa y Chocolate" o "Guantanamera", esta nueva comedia cubana promete ser otro duro pero cariñoso retrato de los problemas cotidianos en la isla. Preparada para ser estrenada a principios del 2000, la película refleja la interminable espera de un grupo de cubanos del transporte público, un problema familiar para la mayoría de los 11 millones de habitantes de la isla, y los consiguientes lazos personales que se desarrollan entre ellos.
El principal atractivo para la audiencia será la actuación conjunta de las dos más conocidas estrellas del cine cubano, Jorge Perugorría y Vladimir Cruz, juntos por primera vez desde la nominada al Oscar "Fresa y Chocolate".
"Lista de espera" podría levantar ampollas por burlarse del inadecuado sistema de transporte cubano, pero sus realizadores insisten en decir que se trata tanto de un drama humano como una sátira social. "Es una historia optimista, esperanzadora, una película que propone, entre otras cosas, que los problemas sólo pueden ser resueltos de manera colectiva, no individual... solidaridad por encima de la rivalidad", dijo el director, Juan Carlos Tabío en un descanso del rodaje.
Este es un mensaje familiar en una nación que ha predicado con vehemencia la solidaridad socialista desde que Fidel Castro bajó de las colinas para hacerse con el poder en 1959. Tabío, uno de los principales directores cubanos, co-dirigió "Fresa y Chocolate" en 1993 y "Guantanamera" en 1994 con Tomás "Titón" Gutiérrez Alea, la principal figura durante décadas del cine local hasta su muerte en 1996.
La primera, sobre la amistad de un homosexual y un joven comunista, fue muy bien aceptada en el exterior y en Cuba, pese a su contenido polémico, pero "Guantanamera", que satirizó la burocracia local y los problemas de transporte, no agradó a Castro. Perugorría, quien actuó en ambos filmes, dijo que el nuevo, "Lista de espera", no es un intento de despertar una polémica política, sino de aliviar la vida diaria de los cubanos. "Lo que pretendemos es que cuando la gente vea la película, cuando estén de nuevo en contra de su voluntad en una situación como ésta, le sea menos dolorosa, que por lo menos digan "esto me recuerda la película", y vendrá una sonrisa en medio de la amargura", señaló a Reuters.
Los defensores del cine local, controlado por el estatal Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), aseguran que éste tiene una fuerte tradición de crítica social y pensamiento independiente desde su creación poco después de la revolución de 1959. "Desde la "Muerte de un Burócrata" de Tomás Gutiérrez Alea hasta acá, el cine cubano ha insistido en su vocación de abordar la realidad cubana de una manera reflexiva, de una manera crítica, autocrítica, que convoque al pensamiento, y también ha tratado de conmover", señaló Tabío. Sin embargo, y especialmente entre los opositores de Castro, también están quienes señalan que el cine cubano está inevitablemente contaminado por un cierto control estatal.
Pero los analistas independientes reconocen que el cine local ha abierto una ventana en una sociedad fuertemente controlada. "La percepción fuera de Cuba es que el cine, junto con la música, es el más liberal y menos censurado de todas las actividades que salen de Cuba", dijo el experto en televisión y cine latinoamericano Andrew Paxman.
No obstante, Paxman, señaló que a pesar de su ironía social, las películas cubanas nunca se refieren al "gran tema", o sea, el propio Castro. El actor Carlos Cruz, quien hizo el papel de burócrata en "Guantanamera", pintó un duro retrato del cine local después de anunciar su decisión de pedir asilo político durante un viaje a Miami a principios de octubre.
"Hay muchos artistas cubanos que viven en condiciones deplorables... El cine cubano está bajo una presión oficial enorme. La gente tiene miedo a despertar nuevamente la ira del Cliente con una película crítica". Esto fue lo que dijo Cruz a El Nuevo Herald, de Miami, refiriéndose a un chiste local que llama "El Cliente" a Castro "porque siempre tiene razón". Menos crítico, Perogurría defiende ardientemente el "compromiso social" del cine cubano. Pero con una franqueza que tal vez sólo es posible aquí para alguien de su nivel, admitió que los artistas también luchan contra la censura.
"Como dice Titón, la censura existe, como existe en cualquier otra parte", pero para mi el mérito está en el valor y el talento del creador de poder vencer esa censura, y aquí se ha podido hacer", seûala el actor. Desde que la economía cubana sufrió una recesión con la caída de la Unión Soviética, el ICAIC ha estado buscando financiamiento exterior y co-producciones, principalmente con Espaûa. "Lista de espera", que tiene un presupuesto de más de un millón y medio de dólares, está coproducida por Cuba, Espaûa, México y Francia.


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71353
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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