Variedades

Cita con el Miró 2005

Los amantes de la buena literatura conocerán con más detalles las obras galardonadas y podrán dialogar con los autores.


En el Foayer del Teatro Nacional serán presentadas el 12 de julio a las 7: 30 p.m. las obras ganadoras del Concurso Ricardo Miró 2005.
En el más importante certamen literio del país, en honor al vate panameño autor de "Patria" y "La última gaviota", los ganadores fueron: Frank Spano (Teatro), Giovanna Benedetti (Poesía), Enrique Jaramillo Levi (Cuento), Damaris Serrano (Ensayo) y Mireya Hernández (Novela).
"Gauguin y el Canal" de Frank Spano es un texto dramático que versa sobre la construcción americana y su evolución. La obra consta de ocho escenas y un acto.
Entre tanto, el poemario "Entrada abierta a la mansión cerrada", de Giovanna Benedetti, es una especie de introspección, desde una perspectiva muy actual, por medio de distintos espacios atados uno al otro con la fuerza evocadora y metafórica. El ensayo de Damaris Serrano "Literatura Panameña: Historia, Nación, Sociedad: (Amor, cultura y conflictos en la segunda mitad del siglo XX)" rescata discursos en los cuales se muestra el país imaginado por la literatura (propuesta unánime de resistencia e identidad), a la par que niega los estereotipos y actualiza el papel de la cultura como único escape a los problemas de la especie.
En la novela "Crónica de caracoles", Mireya Hernández, se refiere a históricos ocurridos en el Istmo en tiempos de la colonia.
Finalmente, Enrique Jaramillo Levi: "En un instante y otras eternidades" saca a relucir su dominio de la narrativa. "Tanto en el cuento tradicional como en el minicuento explora las posibilidades de la literatura realista, fantástica, erótica, metaficcional y del absurdo con dominio creativo de las muy variadas facetas de la experiencia humana. Cada cuento es una búsqueda que pocas veces se resuelve en un desenlace existencialmente feliz".
Lo que sigue, es todavía más preocupante. Un peruano que vende chicha, botellas de agua mineral, soda y hot - dog debajo del puente de la avenida Simón Bolívar, no tenía en cuenta las mínimas medidas higiénicas antes de despachar.
Dijo llamarse Lucas Arredondo.
La chicha que vendía Lucas era de naranja, pero tenía un color oscuro, por lo que le preguntamos si le había agregado raspadura y respondió: "no, sólo azúcar blanca"..
En menos de 15 minutos se rascó varias partes del cuerpo y con esas misma manos procedió a tomar los alimentos que eran solicitados por los clientes.
Su descuido tuvo agravantes. Con un pañuelo que reposaba en el agarradero del carro, se sacudió las secreciones nasales y luego, con ese mismo trapo, se secó el sudor del rostro.
Este manipulador de alimentos no contaba ni con guantes ni con delantal y lo peor es que tenía la nevera de las aguas y las gaseosas, en la acera del extremo de la calle, expuestas al humo vehicular.
Nos trasladamos después a Plaza Edison donde una vendedora de chicha y hot - dog en menos de 25 minutos, limpió el cuchillo con el que cortaba el pan con el mismo trapo que aseaba la parte delantera del carro movible.
Esa misma mujer arrojaba agua de un envase de soda a las salchichas para conservarlas húmedas.
Historias realmente desagradables que se repetían a lo largo de la ciudad, eso encontramos.
Panamá América observó que se trata de gente de todos los estratos sociales, al menos su apariencia así lo indicaba.
Son, según comentaron algunos propietarios de esos puestos ambulantes, personas que por su profesión les toca "comer algo rápido" para pasar el día.
Para ellos, un hot - dog, una empanada y la chicha de naranja son el mejor recurso.


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241055
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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