Antes, no importa. Después es lo que cuenta. ¿Mañana?
Mañana no sabe si estará. Pero el ayer viene, de golpe, y le asesta, uno tras otro, golpes bajos. Inmisericordemente.
Lo mismo que él hiciera cuando creía que vivía.
Sin compasión, Pablo “vivió”, bebió y comió.
No es asunto de andar ahora llorando sobre la leche derramada.
Lo de hoy no es más que un pase de factura. Y más le vale que lo entienda como tal. Le guste o no.
Aunque surjan una tras otra las escenas divertidas en “El último round”, así, de pronto, el Dr. Pablo Ruiz se da cuenta de que está acorralado. Está a punto de pasar la última hoja del libro de su vida.
Como si fuese una pesadilla, sus errores, las decisiones equivocadas que lo marcaron para siempre y trazaron la ruta por donde caminó, lo acosan como fantasmas. Pero, las consecuencias están allí. Gritan.
Gritan como lo hará él más de una vez con rabia, lleno de impotencia, cuando sienta que la carga es muy pesada, que necesita piedad, tiempo.
Tiempo es lo que le falta. Tiempo es lo que malgastó, esos 15 mil días que había vivido hasta el del nefasto diagnóstico. Esas 376,680 horas que mal administró y ahora tanto le pesa.
Darse por vencido es de cobardes, pero qué difícil es enfrentar el reto de recoger los pedazos de su vida hechos añicos e intentar hacer las cosas mejor. Eso, si tiene una segunda oportunidad.
Mientras, está en una encrucijada, amedrentado, ofuscado, casi derrotado, sin poder casi refutar las culpas que le echan en cara sus maltrechos órganos y viendo, como en una película de humor negro, cómo todo lo que más valora está a punto de escurrirse como agua entre las manos.
“El último round” estará en cartelera en La Quadra hasta el 30 de marzo. Es una obra llena de filosofía, que invita a vivir la vida con cordura, priorizando la familia y lo que en verdad merece la pena, usando sabiamente el tiempo, antes que sea demasiado tarde.
Arturo Wong Sagel es el director de esta producción de Peggy Bousounis que nos recuerda lo frágiles que somos, que somos hijos de las circunstancias, pero también de nuestras decisiones. Que invita a librar la gran batalla por la vida, porque colgar los guantes no cabe.