La industria del adelgazamiento es, hoy por hoy, uno de los negocios más boyantes en el mundo desarrollado. Poderosas multinacionales se reparten un pastel de miles de millones de dólares en un sector que milagrosamente aún no ha conocido la crisis. No obstante, si la recesión económica, el paro y demás problemas coyunturales que tienden a convertirse en crónicos permanecen, es posible que ya nadie necesite adelgazar...
Mientras tanto, un ejecutivo francés, Michel Montignac, ha inventado un método para adelgazar sin dejar de comer. El éxito ha sido tal que después de comenzar su carrera de dietista con un libro, ha acabado con una cadena de tiendas y restaurantes, que previsiblemente acabarán convirtiéndose en una de las multinacionales de la dietética con mayor futuro.
El señor Montignac llegó a pesar veinte kilos más de lo que su constitución le permitía, y ello debido a los negocios:
"Los viajes, comidas con los clientes, stress y la correspondiente disposición genética de todo mediterráneo me hicieron engordar, casi sin darme cuenta" comentaba.
Su trabajo consistía en vender fármacos fabricados por una importante multinacional, y ello le permitía seguir bastante de cerca los problemas de la alimentación, de la obesidad y de los métodos para adelgazar.
Así es que, por propia necesidad en principio, investigó y dio con un método acorde con las necesidades de las "comidas de negocios". Después vertió sus experiencias en un libro: "cómo adelgazar en comidas de negocios", del que se han vendido más de medio millón de ejemplares en menos de un año, y ha sido traducido al inglés, alemán, árabe, español e italiano.
Luego ha llegado otro libro, "comer para adelgazar", dedicado al público en general, que por otra parte no se distingue mucho en preferencias culinarias de los estrenados ejecutivos.
"No se trata de una dieta, sino de un método en el que se pierden los kilos sin pasar hambre y sin poner en peligro el metabolismo. No se trata de comer menos, de pesar los alimentos que se van a comer, sino de seleccionar aquellos que mejor van al propio metabolismo y así evitar la acumulación de grasas"-, ha comentado el ejecutivo-escritor.
"No son las calorías ni la cantidad de alimentos lo que engorda, sino el tipo de alimentos y su perfil glucémico. Unos alimentos tienen más potencial glucémico que otros y su ingestión aumenta el nivel de glucosa en la sangre. Este cúmulo de glucosa provoca la hiperactividad del páncreas y una mayor producción de insulina, cuyo efecto más inmediato es el almacenamiento de las grasas en que se convierte la glucosa".
La multinacional de Montignac nos rodeará en el futuro, si se lo permiten otras multinacionales en el mercado de la alimentación, como las hamburgueserías, pizzerías, cervecerías y fabricantes de pasteles en general. Los grandes negocios de la restauración popular, la llamada "comida rápida" y "comida basura", están montados sobre la base de alimentos de gran contenido glucémico y, por consiguiente, son los grandes enemigos de Montignac.
En el método "Comer para adelgazar" están prácticamente prohibidos los siguientes alimentos: arroz blanco, pastas, galletas y dulces fabricados con harina blanca, patatas y azucares diversos y, por supuesto, al cerveza y hasta muchos vinos, aquellos de alta graduación alcohólica o de contenido en azúcar. Enfrente están las frutas, verduras o legumbres y, por supuesto la fibra, que reduce considerablemente el perfil glucémico.
La guerra, pues, se promete dura. La cocina italiana habría de reconvertir sus pastas en integrales. El pan integral engorda la mitad del pan de harina blanca y refinada. Sencillamente, el integral llena el estómago antes y posteriormente facilita la evacuación con lo que elimina mayor parte de restos y alivia el vientre. La cocina española o mediterránea habría de renunciar a sus arroces valencianos o sevillanos; pero por ahora nadie cree en una paella realizada con arroz integral.
Otros enemigos de Montignac son los dietólogos tradicionales, principalmente los médicos internistas, que basan las dietas en un número de calorías distribuidas en hidratos de carbono, proteínas y vitaminas, más los minerales correspondientes y otros nutrientes secundarios.
Para Montignac, las dietas hipocalóricas destrozan el metabolismo y su filosofía, que se resume en el único principio de comer menos, acaba finalmente haciendo engordar más, porque generalmente el obeso a quien se le prohíbe comer determinados alimentos, casi siempre los que más le gustan, termina aborreciendo el método y volviendo a sus gustos de siempre.
"La persona que perdió kilos con la dieta hipocalórica dice Montignac- vuelve a encontrarlos y muchas veces acompañados de algunos más. El vacío que se dejó vuelve a llenarse. Los apetitos no saciados se rebelan contra el médico y contra el método hasta devorar todo lo que se perdió durante el tiempo de la dieta".
De ahí que Montignac recomienda que su método se tome como una nueva forma de placer culinario a la par que estímulo para mejorar la salud. El paciente de este método no va a dejar de comer, no va a privarse de satisfacer sus sentidos. Simplemente va a cambiar el tipo de alimentos a ingerir. Pero podrá comer en abundancia y en calidad. Buenos chuletones (con ensalada; nunca con patatas fritas), lechazos, fabadas y apetitosos cocidos.
Las grasas animales,, como las vegetales, saldrán del cuerpo igual que entran sino se las mezcla con esos hidratos refinados de carbono como son el pan blanco, las patas italianas tradicionales, las patatas o el arroz sin cascarilla.
En cambio, las legumbres, las verduras y las frutas, acompañadas de pan y pastas y arroz integrales, ayudarán a que las grasas no se acumulen, que es lo que, en definitiva, provoca la obesidad.