Psicóloga-Universiad Javeriana, Colombia, especialista en intervención sistémica de familia, Marcela tiene 16 años de trabajar con tragedia. Sabe cómo ocasiona un caos en la vida y personalidad del individuo.
Tras una pérdida siempre hay duelo. Más si era inesperada, como en el caso de los despidos laborales (a diferencia de una jubilación). Y la pérdida hay que elaborarla, para salir más fortalecido como ser humano.
Ella hizo importantes aclaraciones al respecto: Las pérdidas son de toda índole. Hay pérdidas espirituales, materiales, simbólicas (para la humanidad ya nunca el mundo será igual después del 11 de septiembre de 2001, en dos segundos todos perdimos la seguridad), afectivas (la pareja, una relación amical), múltiples (masacres, guerras), ...
"La sociedad piensa que solamente es el ritual y que uno a los 5 días tiene que estar bien. Una cosa es el ritual y otra la pérdida. Las pérdidas dejan huellas. Unas se cicatrizan y dejan huellas positivas, las que no se elaboran quedan como queloides en la vida".
Por eso es que el ritual de despedida, deseándole éxito, recordando juntos tiempos compartidos, haciéndole sentir que deja un vacío (sentido de pertenencia) es importante. Y muchas veces esto en el ambiente laboral no se da. La persona se va como si nada. Con su carga de recuerdos, su ambivalencia, sus interrogantes entre ellas si valió o no la pena invertida en la organización, con su soledad. Es bueno también para el grupo darle ese hasta luego, porque ha de vivir también el duelo de que ya fulanita no tomará el café a las 9:15, no contará sobre los problemas cada mañana para hacer que su niño se levante para ir a la escuela o en la noche para que apague la TV y se vaya a la cama. Su silla vacía, la falta de ver su rostro al voltear la cara, una canción que le encantaba escuchar hablarán de ella a sus compañeros dolientes.
Parte del trabajo del personal de recursos humanos es precisamente ayudar a que la transición, la elaboración del duelo sea más fácil para ambas partes. En los casos de jubilaciones esto no es un reto tan grande como lo es en casos de reducción de personal.
Desde la etapa de la negación/confrontación, hasta la de la aceptación/adaptación y la de la reconstrucción, Soto White, fue mencionando datitos útiles para el/la doliente. Enfoquémonos en la persona que pierde su trabajo.
Explicó cómo ésto va mucho más allá de solamente dejar de ganarse el dinero a cambio de un servicio. "Es mucho más, es una cadena de pérdidas: Es como si se rompiera una cadena de muchas argollitas", puntualizó.
De la etapa de shock a la de aceptación, donde ya se ocupa de planificar qué va a hacer con su tiempo libre, decidir cómo pagará cuentas, elaborar una agenda de búsqueda de empleo o generación de fuente de ingreso, hay un mundo, donde hay sentimientos y sensaciones encontrados, ambivalentes: incredulidad, ira, dudas, ansiedad, temor, autoreproche, pérdida de autoestima.
Básico en el trabajo con pérdidas es que uno examine las propias.
Cuando uno hace un apoyo en situaciones de crisis no puede ponerse de ejemplo.
La empatía es fundamental. No olvidar que somos seres humanos trabajando con seres humanos.
Tanto el terapista como el doliente tienen su bajaje: historia, costumbres, sistema de creencias, personalidad.
El significado de las pérdidas varía de persona a persona, de cultura a cultura e inclusive en la misma persona es circunstancial.