NO se escuchaba una sola palabra, ni una frase. La danza y sus expresiones corporales narraban en silencio un cuento de hadas.
El ballet dio protagonismo a una de las producciones artísticas más importantes de la historia de la danza clásica: "La Bella Durmiente del Bosque"
Retazos de lienzos con dibujos de paisajes y un imponente palacio, formaban parte de la escenografía.
En ocasiones, la iluminación se atenuaba, para luego avivarse como el fuego.
En escena más de 80 bailarines del Ballet Nacional, un cubano, un ruso y dos norteamericanos, participaron especialmente para la ocasión.
Alta y esbelta era la princera Aurora, la bella durmiente, quien en lugar de bailar.. volaba, al tiempo en que manejaba con perfección su cuerpo.
El hada madrina se mantuvo sonriente en el momento en que puso a prueba su destreza, fuerza y resistencia.
La actuación de la malvada bruja, quien con una aguja pincha la mano de la princesa haciéndola dormir por 100 años, en lugar de ser escalofriante, fue asombrosa.
El príncipe azul, quien con un mágico beso despertó a la bella durmiente, fue el más esperado.
Con facciones similares al de un verdadero príncipe, se mantuvo de principio a fin en una postura adecuada y mientras bailaba, en su rostro reveló un inmenso placer por la danza.
Al ritmo de música clásica, todo el elenco, en un conjunto de movimientos y posiciones estilizadas, dieron vida a esta obra.
"La Bella Durmiente del Bosque" se estará presentando hoy en el Teatro Anayansi en su última función de 4: 30 p.m. Una producción dirigida por el polaco Marek Cholewa, con música de Tchaikovsky y basada en el cuento infantil de Charles Perrault.
Como de ensueño..
Los bailarines de "La Bella Durmiente" entregaron un pedacito de su alma en el escenario.