“Con Nancy, fuimos al club de jazz Green Mill, en Chicago. Y pudimos sentarnos en la misma mesa que usaba Al Capone, un lugar sin nada atrás, donde obviamente podía ver muy bien la puerta; en caso de que alguien quisiera entrar para matarlo. Es un barrio terrible de Chicago, pero esa fue nuestra primera salida”.
¿Alguna vez volvieron? “Pasamos con el auto. Hace 15 años que tampoco iba a Chicago, pero hace dos meses volvimos a rastrear los mismos pasos, en un departamento donde vivíamos. Fue divertido”.
¿Es cierto que usted también daba clases de improvisación en Chicago cuando conoció a su esposa? “Sí”.
¿Y ella era una de sus estudiantes?
“Sí. Y no digamos que era una clase de adultos porque suena mucho más sórdido sin decirlo (Risas)”.
¿Y el matrimonio cambió mucho con la llegada de sus hijos?
“Bueno, cambia para todos, cambia tu vida, sí”.