En su libro "Edúquelos con amor", la Dra. Becky Bailey define una rabieta como un "exabrupto incontrolado de ira que por lo general surge de los esfuerzos fallidos de un niño (o un adulto) por controlar una situación. La rabieta dice "He tratado desesperadamente de hacer que el mundo marche a mi manera. Ahora estoy trabado y casi no puedo hablar siquiera. Me siento aterrorizado, indefenso y sin esperanzas".
La Dra. Bailey afirma que la forma en que los padres respondemos a la angustia de nuestros hijos, les enseñará a responder a la angustia de otros. Nos aconseja tener empatía con nuestros niños; empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro e identificarse con sus sentimientos y emociones.
La especialista declara que los padres tenemos que manejar primero nuestro enojo, pues un padre calmado y sereno responde con mayor empatía que otro se salió de sus casillas. Por otra parte, es importantísimo que los adultos dejemos de percibir la desobediencia como una falta de respeto.
Los investigadores han descrito cuatro estilos de ser padres. A saber: Ignorar sentimientos, dejar que el niño luche solo, castigar los sentimientos, y establecer empatía y ayuda con las emociones.
En el primero, los padres consideran la angustia del niño o niña como una molestia. No aprovechan los momentos emocionales para acercarse a su hijo y enseñarle sobre emociones e ignoran sus sentimientos. En el segundo estilo, los progenitores dejan que los niños luchen solos, los "grandes" sabemos lo que el pequeño siente, pero esperamos que maneje su frustración por sí solo. Solemos decir:
¿Por qué estás triste? Con esto enseñamos a los niños a analizar sus sentimientos y no a sentirlos.
"Trata de calmarte. No es para tanto". Con esto ellos evaden y niegan sus sentimientos.
"¿Estás bien? Todo va a estar bien. Ya. Silencio. No tienes que llorar". Esto enseña a los niños que sus sentimientos molestan a otros. Aprenden a cuidar los sentimientos de otros a costa de los suyos.
Cuando somos padres que "castigamos los sentimientos", criticamos a nuestros hijos, les prohibimos cualquier manifestación de rabia y percibimos las emociones negativas de nuestros hijos como una falta de respeto. La Dra. Bailey declara que el principal enunciado de este estilo es "Te voy a dar un motivo para llorar".
Y finalmente en el cuarto estilo, que debería ser el de todos: "Establecer empatía y ayuda con las emociones", los padres que lo practican entienden que la mala conducta es un sentimiento intenso que no tiene una forma de desahogo. Saben que los momentos en que su hijo está molesto son preciosas oportunidades de enseñar buenas sensaciones emocionales.
"Para entender las emociones de otra persona, primero debe aceptar y reconocer las propias" manifiesta la Dra. Bailey. A la vez, nos sugiere tener empatía y compasión con nosotros mismos. ¿Cómo? Una manera efectiva es verbalizar nuestros sentimientos, por ejemplo: "Me siento muy frustrada, y eso está bien".
Al sentir nuestra energía emocional, etiquetarla y expresarla verbalmente, nos evitamos hacer berrinches y rabietas. Cuando identificamos y expresamos nuestros sentimientos y los de los demás, nos tornamos más cariñosos.
Becky Bailey nos enseña que para ayudar a nuestros hijos a sentir, etiquetar sus sentimientos y a saber los entendemos, debemos hablarles con el corazón. Tenemos que reflejarles lo que vemos, lo que sentimos y lo que escuchamos; si mi hijo Ernesto llega a casa de la escuela cabizbajo, con aire de tristeza, diciéndome que no quiere ir más a la escuela.
Lo primero que debo hacer de acuerdo con la especialista es describirle lo que veo: "Ernesto, mi amor, veo que entraste despacito y con los hombros caídos, estás muy callado". Lo que siento "pareces triste"; y finalmente lo que escucho "tú quieres que yo sepa que no deseas ir a la escuela porque estás frustrado por algo que te ocurrió, ¿estoy en lo correcto?" . Así el niño al ver reflejado el cuadro podrá hablar de sus emociones y lo sucedido. Este método es válido para un berrinche. Pero contrólese primero antes de hablar, si no logra calmarse, aléjese del niño hasta que se haya calmado y puede manejar la situación con serenidad.
Como dicen por ahí, los niños no vienen con manual de instrucciones incluido, sobre la marcha aprendemos a ser padres. La clave está en disciplinarnos y comprendernos a nosotros mismos antes de hacerlo con ellos. Requeriremos de mucha práctica, pero el esfuerzo vale la pena, levantaremos una generación de adultos que puedan aceptar las altas y bajas de la vida con el pleno control y manejo de sus emociones.