En la medida que pasan los días, una psicosis colectiva se apodera de quienes inquietos por la seguridad aérea de sus países, recuerdan las espeluznantes imágenes de aviones estrellándose contra las Torres Gemelas de Nueva York .
¿Siente angustia de pensar en la próxima vez que tendrá que subirse a un avión? Se trata de una reacción perfectamente natural, señala Barbara Rothbaum, directora del programa de recuperación de trauma y ansiedad del departamento de Psiquiatría de la Universidad de Emory, en Atlanta.
"Todavía nos estamos recuperando", dijo Rothbaum al señalar que con el paso del tiempo, sin que ocurran nuevos incidentes violentos, la gente volverá gradualmente a sentirse del mismo modo respecto a los vuelos que con antelación a los trágicos hechos del 11 de septiembre en Estados Unidos.
Sin embargo, para algunos ese punto de partida significa manos que transpiran, rodillas temblorosas y palpitaciones, ante la sola idea de volver a abordar un avión comercial.
Recibir algún tipo de terapia es extremadamente efectivo para facilitar a los viajeros nerviosos a vencer su angustia y ansiedad y el mejor modo de conseguirlo es enfrentarlos de manera controlada, ya que si se expone a una persona el tiempo suficiente a un ambiente lleno de tensión, a la larga terminará acostumbrándose.
CAUSAS
La causa principal del miedo a volar es el desconocimiento que tienen los pasajeros sobre el funcionamiento de un avión. Para eso, y para relajar el cuerpo y la mente en pleno vuelo, se realizan cursos especiales. En apenas dos días, una persona puede librarse de esa pesada e invisible carga que es la fobia y volar con total tranquilidad, lo que redunda en un mayor disfrute del viaje, en el caso de los turistas y el aprovechamiento de aquellos que cumplen parte de su horario laboral subidos en un avión. Un psicólogo y un piloto se encargan de despejar todas las dudas y alejar todos los temores.
Estos cursos son herramientas concretas: información, ejercicios de respiración, relajación, visualizaciones, técnicas para un control eficaz de los pensamientos catastróficos y eventualmente medicación específica.
Para estos viajeros, los síntomas que revelan el miedo a volar pueden desencadenarse con la simple operación de obtener su billete de avión, manifestándose con sudores, problemas respiratorios, palpitaciones, sensaciones de angustia y tensiones musculares. Estos malestares pueden ir en aumento hasta llegar a convertirse en auténticos ataques de pánico durante el despegue, el aterrizaje o en otros momentos críticos del viaje. Sin embargo, el miedo experimentado en estas circunstancias no es de índole patológica sino que actúa como un dispositivo se alarma que pone a punto nuestro sistema biológico de autoprotección.
Por otro lado, no es sorprendente que sintamos miedo si nos encontramos suspendidos en el aire, alejados de nuestro hábitat natural.