Podemos estar asistiendo al nacimiento de una nueva era para nuestro planeta, una era de calor sofocante, gran humedad y de invasión de grandes masas de tierra por las aguas del mar, que crecerán sobre sus actuales niveles.
Este escenario de ciencia ficción es en realidad una posibilidad nada remota, según demuestran los descubrimientos de dos científicos británicos que han rastreado las profundidades marinas para encontrar pruebas de los que nos puede esperar a corto plazo si siguen aumentando los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, por encima de los alcanzados en los últimos 20 millones de años. Estas conclusiones, que han suscitado ya un enorme interés científico en todo el mundo, proceden de un estudio de las conchas de minúsculos animales marinos que forman el zooplancton.
Cuando estos animales mueren, se depositan en el fondo del mar formando un sedimento. Si no se producen grandes maremotos o corrientes profundas, esos sedimentos se van acumulando a lo largo de miles de años y llegan a alcanza grandes espesores. Las conchas de los moluscos retienen una parte mínima de productos químicos que permitan a los científicos medir la acidez del agua del mar cuando los animales murieron. Esa acidez indica la concentración de dióxido de carbono (CO2) que había en el agua del mar en ese momento.
El mar absorbe gran parte de ese CO2 de la atmósfera terrestre. Por tanto, una gran concentración de CO2 en la atmósfera hace aumentar la acidez del mar y afecta a la composición química del sedimento planctónico, formado por miles de millones de pequeñas conchas que ofrecen un historial muy claro de la evolución de los niveles de CO2 a lo largo de los siglos.
Mediante técnicas muy especializadas de espectrometría de masas con las que se calcula el contenido de boro de los restos calcificados del zooplancton, el Dr. Paul Pearson y el profesor de la universidad de Southampton, Martin Palmer han inventado un método muy preciso para medir la acidez histórica del agua del mar. Según esa acidez, los organismos más pequeños o forminíferos absorben en distintas dosis dos isótopos del boro que se encuentran en el agua junto con el carbono que necesitan para ir formando las conchas. Midiendo la relación entre esos dos isótopos, los científicos pueden medir la acidez del agua del mar cuando se produjeron esos fenómenos.
Un resultado sorprendente de esta investigación es que el nivel de CO2 en la atmósfera terrestre ha permanecido prácticamente estable en los últimos 20 millones de años con unas 250 partes por millón (ppm) en volumen, una proposición relativamente baja. Sólo muy recientemente (en términos relativos), a partir de la Edad del Bronce cuando los habitantes de la Tierra empezaron a talar los bosques, el CO2 empezó a aumentar hasta alcanzar los niveles que había tenido en el Eoceno, hace unos 50 millones de años. Las últimas investigaciones indican que ahora el nivel de CO2 es superior al de los últimos 20 millones de años.
En los dos últimos siglos, los efectos combinados de la industrialización y deforestación han producido un aumento imparable de los niveles de CO2 procedentes de la combustión del carbón, el petróleo y el gas y de la destrucción de grandes zonas de bosques, principal consumidor natural del dióxido de carbono.
Para finales del siglo XXI los científicos calculan que, al ritmo actual, habrá entre 550 y 825 ppn produciendo un auténtico "efecto invernadero" como consecuencia de la actividad de la sociedad moderna.
Aunque se tomen medidas inmediatas y drásticas en todo el mundo para reducir esas emisiones, los científicos dicen que el nivel de CO2 en la atmósfera seguirá aumentando de manera acelerada. Estas investigaciones de los científicos británicos dicen que los niveles de 2100 serán los más altos desde el Eoceno.
Esa época se caracterizó por una alta temperatura causada por las elevadas concentraciones de CO2 en la atmósfera como consecuencia de la gran actividad volcánica en todo el mundo, que lanzó enormes cantidades de gases. Entonces no había hielo en las regiones polares y los grandes árboles de hoja caduca se extendían hasta el Polo Norte. En lo que hoy es Londres había una temperatura media de 25" C (frente a los 10 de actualidad) y era una especie de ciénaga. El mar cubría amplias zonas de lo que hoy es la costa europea.
El Dr. Pearson, investigador de la Royal Society en la universidad de Bristol, explica: "Esto no quiere decir necesariamente que vamos a volver a esa situación. Todavía quedan muchas incógnitas en las predicciones del camino climático. Pero lo que ocurrió en el Eoceno nos pone sobre aviso de lo que podía pasar si no acabamos con el efecto invernadero".
Los resultados de la industrialización amenazan sobre todo a islas que han sido objeto de estudio por parte del Dr. Pearson y el profesor Palmer, como las Marshall en el Océano Pacífico, que podrían quedar sepultadas por el agua en pocas generaciones. En sus aguas hay depósitos formados por varios estrados de los que el 95 por ciento es carbono cálcico, resto de antiguo zooplancton.
"Un aspecto muy positivo e interesante de esta investigación es que ha confirmado lo que ya decía hace más de un siglo el químico sueco Arrhemius, que dijo que el CO2 es el principal factor que influye en la temperatura de la Tierra y sugirió que en Oeceno habría habido grandes concentraciones de CO2 en la atmósfera. Ahora sabemos que tenía razón".
Estas investigaciones han sido financiadas por el Natural Environment Research Council y la Royal Society. A continuación los científicos van a analizar con más detalles las conchas extraídas del fondo del mar para obtener una imagen de más resolución y ampliar su investigación hasta hace unos 150 millones de años.
El Dr. Pearson dice: "Será muy interesante descubrir más cosas sobre las causas de determinados acontecimientos geológicos. Sabemos que el planeta se ha enfriado después de pasar por épocas de altas temperaturas. Por eso las pruebas del calentamiento global de hace millones de años nos ayudarán a entender mejor dónde estamos en la actualidad. Podemos descubrir aspectos de la historia de la Tierra que hasta ahora no habíamos ni siquiera imaginado".