Variedades

Confesiones de un sacerdote


La vida de los padres o sacerdotes como se les conoce a los religiosos dedicados de la Iglesia Católica, representa un enigma para la sociedad, que ha puesto a su alrededor una nube de misterio en la que para encontrar respuestas se han creado muchas historias.
Por ejemplo, la idea casi generalizada es que los sacerdotes sólo se dedican a oficiar misa, funerales, bodas, bautizos, a enterarse de nuestros pecados, dar consejos de experiencias que no han vivido y rezar, rezar, rezar.
No obstante, tienes que saber que no es así y que éstos hombres que un día decidieron entregar su vida a Dios y ponerla al servicio de la educación en la fé y ayuda al prójimo, son seres humanos normales como cualquier otro; que sueñan, sienten desean, sufren, padecen de hambre, enfermedades y que se esfuerzan por obtener metas y alcanzar el grado más alto de felicidad.
Para hablar con propiedad sobre la real vida de un sacerdote, conversamos con el Padre Joselín Aguilar, un cura parroquial de origen humilde que pensó entregar su vida al servicio de Dios y el prójimo cuando apenas tenía 17 años, pero los amigos y las entonces atracciones del mundo, le hicieron dudar.
Se decidió cuando tenía 21 años, se lo comunicó a sus padres "y ellos me apoyaron en todo", aunque algunos amigos le pintaron un panorama desolador y sórdido, dónde el tema de las mujeres fue el punto de tentación.
Cuenta que una de las cosas que le ayudó a decidirse fueron los acontecimientos de la invasión de Estados Unidos a Panamá en 1989.
DE CONSTRUCTOR A PADRE
Confiesa que los sólidos valores y enseñanzas que le inculcaron sus padres, le sirvieron para desear una vida digna. "Mi sueño era tener una carrera, construir una casa, porque quería ser arquitecto y luego buscar una mujer que me quisiera con todo lo que eso implica para formar una familia".
Siguiendo esos parámetros, culmina el bachillerato en construcción, trabaja como maestro de obras y entra a la carrera de arquitectura en la Universidad de Panamá, pero su vida cambió y entonces entró al seminario sacerdotal.
Reconoce que permanecer en el seminario con todas las reglas de disciplina que hay que cumplir no fue fácil. "Luego de un tiempo, un día recogí todas mis pertenencias y listo para irme, pero por intuición alguien se dio cuenta y me hizo entrar en razón".
Agrega que aún hoy no es fácil, pero le pide a Dios a cada momento que le de fuerzas y lo santifique para seguir adelante y vivir una vida de santidad.
Su familia, que incluye 11 hermanos es importante y extraña a veces no tenerlos cerca y visitarlos como quisiera, pero cuando tiene su día libre lo emplea para visitarlos, al igual que compartir con amigos.
Indica que como sacerdote, hay que vivir la realidad de la sociedad y la manera cómo se conduzca dentro de ella dependerá mucho de la espiritualidad personal.
ESCUCHA REGGAE
Para éste hombre, fruto de un parto de mellizos, la vida de un sacerdote es la de un hombre normal. Por ejemplo a él le gusta escuchar música, "escucho de todo tipo, pero mis favoritas son las baladas y el típico". Aclara que no le gustan los mensajes que tienen algunos reggae, pero los escucha para tener una base al hablar sobre ellos.
"Tomo ejemplo de la vida cotidiana para enseñarle a los jóvenes a que no cometan los errores de otros y que conduzcan su vida de la mejor manera, enfocado en el amor y la obediencia a Dios.
Explica que mantener la grey es difícil, el trabajo es arduo y hay que estar renovando constantemente los mecanismos de trabajo.
Añade que sus estudios de filosofía y especialización en familia, le ayuda en su trabajo con la comunidad, en la que tiene que enfrentarse al alcoholismo, pobreza, divorcios y problemas sociales de todo tipo.
ACEPTA INVITACIONES DE AMIGOS
En su día libre, que es uno a la semana, el cual se le deja en libertad para atender asuntos familiares personales, acepta invitaciones de amigos, va al cine, hace deportes, aunque en eso si hay un inconveniente. Por ejemplo hay que usar pantalones cortos para jugar fútbol y no siempre puede hacerlo, porque podría ser riesgoso mostrar las piernas ante las chicas, a las cuales se les puede ir la mente a otro lado, comenta divertido.
Su vida transcurre en una casa normal, con las obligaciones de cualquier hombre soltero. A pesar de que tiene una señora que le ayuda en la limpieza y en la cocina, cuando tiene que limpiar la casa o prepararse su comida lo hace.
Entre sus obligaciones está ir al supermercado, hacer filas para pagar el agua, luz, teléfono y al hacerlo, no se siente diferente a los demás por ser sacerdote y la gente tampoco lo nota.
Y es que quizás pasa desapercibido, porque al salir no usa la sotana con la que se viste al oficiar las misas. Su vestimenta es como la de cualquier joven de 34 años.
Al hablar de edad, dice que cuando cumple años la mayoría de su familia y amigos le regalan ropa, y es por eso que está a la moda, porque "me regalan suéters Nike, Off Shore, jeans de marca", pero por lo general él se compra ropa sencilla en cualquier almacén de Calidonia, La Central o Los Pueblos.
Comenta que su decisión de no efectuar retiros en la época de carnaval ha sido muy cuestionada, pero señala que no lo hace porque cree que son días que la familia debe aprovechar para reunirse y porqué no, también para divertirse, porque la fiesta es parte dela cultura y la tradición panameña.
UNA VEZ SE ENAMORO
Acepta que los cuestionamientos son siempre sobre las mujeres, pero por ejemplo su sobrina una universitaria joven, siempre lo cuida que no se le peguen las muchachas, porque su apariencia les llama la atención.
A la pregunta frecuente de si le gustan las mujeres o no, responde que "sí, soy un hombre", pero que al decidir ser sacerdote eligió su vida de celibato y no es fácil, pero todo el entrenamiento, educación y normas que se aprenden en el seminario, le sirven para conducir su vida.
Al cuestionarlo sobre el tema de la familia y las mujeres, recordó que antes se enamoró de una amiga, y aunque era su mejor amiga y había confianza entre ellos, nunca se lo confesó. Luego al ser sacerdote su amiga era evangélica y lo invitó a ser caballero de la corte de su boda, fue entonces cuando le confesó que estuvo enamorado de ella.
Reconoce que tener una familia es importante, pero para un sacerdote no tenerla le da libertad de compartir más con la gente y la responsabilidad que conlleva un matrimonio y los hijos no le permitirían tener esa estrecha relación con dios y el prójimo.
Reitera que un sacerdote puede hacer su vida normal, pero es peligroso involucrarse en las actividades del mundo si no se tienen la espiritualidad requerida para poner un alto.


fecha edicion
old id
9930
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América