Los profesores británicos Chandra Wickramasinghe y Sir Fred Hoyle propusieron hace 25 años una teoría muy discutida sobre el polvo interestelar y el posible origen de la vida en la Tierra. Ahora esa teoría se podría ver confirmada por las pruebas obtenidas en una misión espacial.
La nave espacial de la NASA (National Aeronautics and Space Administration) estadounidense Stardust, lanzada en febrero de 1999 para estudiar un planeta, ha encontrado estructuras interestelares (polímetors hteroaromáticos entrelazados) que apoyan la teoría de los dos británicos, que fueron los primeros que hablaron en 1974 de un polvo interestelar formado por polímeros orgánicos e incluso biopolímeros y bacterias intactas derivadas de los cometas.
Algunas de las moléculas recogidas por la Stardust parecen tener un tamaño que sólo correspondería a moléculas orgánicas. En India se han conocido otros trabajos que podrían confirmar la teoría de Wickramasinghe-Hoyle, que sugiere que los orígenes de la vida se podrían haber formado en el espacio antes incluso de la formación de la Tierra y, una vez formado nuestro planeta, habrían sido la chispa que desastó el formidable desarrollo que ha llegado a ser la Tierra que hoy conocemos.
"Durante casi un siglo, los científicos han especulado sobre la naturaleza del polvo cósmico, millones y millones de partículas microscópicos que ocupan el espacio que hay entre las estrellas", dice el profesor Chandra Wickramasinghe, de la Facultad de Matemáticas de la universidad de Cardiff en Gales. "Ya hace años que los científicos decían que en este material puede estar la explicación del origen de las estrellas, los planetas y posiblemente de la vida".
Esas primeras ideas, que empezaron a surgir hace 70 años, decían que el polvo estaba formado por pequeñas partículas de hierro, o por cristales de hielo como los que forman las nubes o por otros minerales. El profesor Wickramasinghe, en colaboración con el cosmólogo profesor Sir Fred Hoyle, profesor Honoris Causa de la universidad de Cardiff, fueron los primeros que lanzaron a finales de los años 60 la idea, radicalmente distinta, de que el polvo estaba formado pro partículas de carbono. En 1974 ambos desarrollaron la teoría de los polímeros orgánicos y a partir de 1977 hicieron una propuesta todavía más radical, es decir, que el polvo estaba formado por biopolímeros y posiblemente por células intactas de bacterias procedentes de los cometas.
Los sorprendentes resultados de la misión de la NASA se han obtenido a través del espectrómetro de impacto que lleva al nave a bordo, llamada CIDA (Cometary and Interstellar Dust Analyser, es decir, analizador del polvo interestelar y de los cometas). El primer análisis in situ de las partículas cósmicas demostró que consistían principalmente en macromoléculas orgánicas en una estructura tridimensional (3D), es decir, los llamados polímeros heterociclicos aromáticos. Dos colaboradores alemanes de la misión de la NASA han dicho: "Más que minerales, esas partículas parecen proceder de sustancias como el alquitrán".
Hasta ahora el CIDA ha analizado cinco partículas de polvo. Si chocan con la nave, que viaja a unos 30 km por segundo, inmediatamente se evaporan y se separan en fragmentos minúsculos. Esos fragmentos están cargados eléctricamente, y, a partir de esa carga eléctrica, el CIDA atrae a los iones positivos hacia el detector del instrumento. Según su masa, los iones tardan más o menos en recorrer la distancia hasta el detector, que es de unos 1,5 metros. Los más pesados son más rápidos, de modo que se puede formar un espectro con los impactos que se producen cada 200 millonésimas de segundo aproximadamente. Uno de los colaboradores alemanes explica: "Lo que más nos a sorprendido es el peso molecular de esos fragmentos, que puede llegar a 2.000 (el del agua es 18), junto con el hecho de que no aparecen minerales, sino sólo moléculas orgánicas".
Hasta ahora, las mayores moléculas encontradas en el espacio han sido los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), que pueden tener pesos moleculares de varios centenares. El detalle de los espectros de esas partículas obtenidas por el CIDA muestran que las moléculas del polvo interestelar tienen, además de carbono e hidrógeno, un 10 por 100 aproximadamente de nitrógeno y/u oxiigeno, lo que quiere decir queno son HAP puros, que son planos, pues el nitrógeno supone una estructura en 3D.
Estas moléculas pueden tener enlaces con otras próximas y alcanzar la necesaria estabilidad térmica como para sobrevivir durante su viaje al interior del sistema solar. El material observado por el CIDA es otro tipo de moléculas reactivas que ya se encontró en el polvo del cometa Halley hace 14 años que, cuando entraron en contacto con el agua de la Tierra hace millones de años, podrían haber iniciado el tipo de reacciones químicas que dieron lugar a la vida.
Los aludidos trabajos indios, sobre los de Sandip Chakrabarti y su esposa Sonali del S.N. Bose National Centre for Basic Sciences de Calcuta, que han producido modelos de las reacciones químicas que se pudieron producir en las partículas de polvo interestelar antes del nacimiento de la Tierra, parecen confirmar la teoría de los británicos. Los modelos de ordenador realizados por la pareja india parecen explicar que la vida surgió en la Tierra unos 600 millones de años después de su formación, que se remonta a 4.500 millones y que los cometas tienen algún tipo de ADN. Si fuera así, sería una confirmación más de la teoría de los dos británicos, de que el choque de los cometas con los planetas ha dado lugar al inicio de la vida. El profesor Wickramasinghe dice: "Esta es otra señal de que el origen de la vida estaba en el universo y no podemos reproducirlo de ninguna manera".
Para completar este trabajo, los dos investigadores de Cardiff están preparando un experimento decisivo, en colaboración con la Indian Space Research Organisation, que podría demostrar que todavía puede haber formas de vida microbiana en el espacio. Se trata de recoger grandes cantidades de aire de la estratosfera mediante unas criobombas estériles instaladas a bordo de globos y analizar si contienen restos de bacterias.