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Consejo avisado sobre el día fatídico


No me considero pesimista, pero todos los años, buena parte de mis ingresos van a parar al seguro de salud, al seguro de vida y a los de la casa y el coche. Lo hago porque nadie está libre de un infortunio por más precavido que sea.
Planifico Sensatamente para el futuro, basándome en el pasado y en la experiencia circundante.
Entonces, cuando se planteó el problema del año 2000 en los ordenadores, me pregunté: "¿cuántas precauciones y cuánta preparación se necesita o bastan para neutralizar este riesgo sin precedentes e imposible de cuantificar? Homestamente, no lo sé y con toda sinceridad, no creo que alguien lo sepa. El día en que resulta fácil predecir el futuro, ya es historia.
¿Qué sabemos de este asunto? Sabemos que entraña riesgos y ahí están los problemas con los instrumentos de navegación, los equipos médicos, y las centrales nucleares para demostrarnos que esos riesgos son reales y que pueden variar enormemente. El problema de los instrumentos de navegación puede impedir que algunos aviones despeguen, pero no será causa de que se estrellen. Un pequeño, e incluso ínfimo, porcentaje de aparatos médicos puede resentirse del problema del año 2000. Ahora bien, en el caso de una operación quirúrgica, ¿qué porcentaje puede considerarse insignificante?
Durante un simulacro de lo que podía suceder, el sistema de control de una central nuclear de los EE.UU. dejó de funcionar, y no cortó el generador. En este caso, se plantea la cuestión de saber por cuanto tiempo seguiría funcionando una central nuclear, si el sistema de control sufre una mínima avería. ¿Cuáles serían las consecuencias económicas, si las autoridades decidieran cerrarla hasta que se pudiera volver a controlarla como corresponde?
Estos son unos pocos ejemplos de los riesgos que se han detectado, pero optar por ignorarlos es actuar de manera irresponsable.
Huelga decir que resulta imposible detectar y suprimir los riesgos en todo el mundo. Algunas empresas multinacionales han admitido que no todo estará listo a tiempo. ¿Qué significa exactamente? También en este caso, nadie lo sabe a ciencia cierta. Una vez que los sistemas fallen, ¿podrán repararse a tiempo para evitar las consecuencias?
Repito: los riesgos existen, no se pueden cuantificar, pero son reales. Entonces, ¿cuánta preparación hace falta? La respuesta depende del nivel de actividad del entorno económico de cada quien, de su grado de dependencia a la tecnología y del grado de preparación en previsión de otros hechos relacionados con el problema.
Vivo en una localidad de las afueras de Toronto, una ciudad de Canadá totalmente dependiente de la tecnología. Considero que los encargados de la infraestructura esencial de la que dependo -finanzas, telecomunicaciones, fuentes de energía- no han abordado el problema con la debida seriedad ni actúan de manera apropiada.
Además, como en Toronto nieva, la autosuficiencia por cortos períodos no es inusual ni razonable. La tormenta de hielo de 1998, que provocó cortes de electricidad y paralizó los servicios y el transporte en Montreal y los alrededores durante dos a tres semanas, confirma esta posibilidad.
Entonces, ¿cuánto debería prepararme para sobrellevar el problema del año 2000 en los ordenadores? Habida cuenta de la citada tormenta, me he preparado para hacerle frente a dos o tres semanas de corte de electricidad. También puedo capear la imposibilidad de desplazarme durante ese período. A mi juicio, prepararse para resistir durante dos o tres semanas es más que suficiente para superar cualquier dificultad que pueda acarrear este problema en mi comunidad.
Otras comunidades han hecho poco y nada para abordarlo, tal es el caso en Lejano Oriente (Japón en particular), Rusia, Europa occidental, Africa central e Italia. En estos lugares, dos o tres semanas no serán suficientes. El problema que les plantea la "plaga" del año 2000 es diferente e, indudablemente, mucho peor. Otras comunidades están a medio camino entre la negligencia y la búsqueda de soluciones: América del Sur, España, Alemania, y El Caribe.
En cada una de estas zonas, desde el enfoque activo a las decisiones tardías y rezagadas, hará falta un grado mayor o menor de preparación según la situación local. Simplemente, es imposible dar un consejo único que abarque el grado de preparación idóneo para cada entorno.
¿Cuáles son las cuestiones primordiales? El triángulo de hierro de las finanzas, las telecomunicaciones y la energía. ¿Por qué? Porque incluso una interrupción temporal puede tener consecuencias incalculables. Una forma de prepararse, y tal vez la mejor, consiste en identificar de la manera más clara posible los riesgos a los que se expone cada comunidad. Por ejemplo ¿los bancos han abordado este problema? ¿Se han tomado las medidas del caso para garantizar las telecomunicaciones? ¿Existe alguna prueba de que no aquejará el suministro de energía local?
Desgraciadamente, este último incluye centrales nucleares. Si no hay pruebas de que se ha hecho lo necesario para superar el problema, es preciso emprender esa tarea, o cerrar la central durante ese período. Esta clase de "preparación" consume menos tiempo, es menos onerosa, y resulta menos desbatadora que deber afrontar las consecuencias.
Otra preocupación es el suministro. Si en una localidad no se dispone de alimentos y productos farmacéuticos, ¿existe el riesgo de que la cadena de distribución se resienta? El transporte por carretera supone un riesgo menor que el transporte marítimo o aéreo, pero es preciso examinar toda la cadena, incluyendo la producción, para detectar cualquier riesgo.
Las respuestas a estas preguntas son la mejor guía para conocer los grados de preparación necesarios y suficientes.
En resumen, los riesgos son reales, pero difieren de un lugar a otro, por lo que es imprescindibles hacer evaluaciones locales y decidir cuales son los grados de preparación razonable, necesario y suficiente.
Peter de Jager-Más información en el sitio: www.year2000.com


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73541
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América