No se disculpe nunca. La disculpa oportuna es una de las virtudes del alma humana. Puede ser considerado de buen gusto el disculparse, pero debemos recordar que hay disculpas de disculpas... y es necesario saber identificarlas.
Prepare su hogar y todo cuanto vaya a necesitar con bastante anticipación. Haga un menú que conozca bien, cocine platillos que pueda tener listos con tiempo. Todo ello con el objeto de que luzca tranquila y descansada cuando sus invitados lleguen.
Jamás comente con sus invitados "todo el trabajo que he tenido".. es de muy mal gusto demostrar cuánto nos hemos esforzado para recibirlos en casa.
Nunca se queje de su salud. En el trato social se ha establecido manifestar interés por la salud al saludar. ¿Cómo está usted? ... pero en realidad esta es sólo una fórmula de cortesía... no quiere decir cuando hacemos el saludo, que estemos esperando una crónica de todos los males que aquejan al prójimo. Por duro que sea, a nadie le importa realmente lo que sienten los demás... y en una reunión resulta molesto escuchar quejidos y lamentos. Si usted está enfermo vaya al médico y no reciba... si recibe en su casa olvídese de sus males.
No critique nunca... y mucho menos a quien se cobija bajo su techo. La crítica es mezquina, refleja conflictos emocionales y falta de educación. Procuremos que la charla tome rumbos interesantes y constructivos, alejados de la murmuración.