Esta combinación de hormonas no afectaría la salud del hombre y le devolvería su capacidad de procrear cuando deje de inyectársela
Esta última prueba se realizó hace algún tiempo en Australia y constaba del uso de una inyección de hormonas capaces de inhibir la producción de espermatozoides, provocando de esta manera, evitar la posibilidad de dejar embarazada a su pareja.
Por años, las mujeres han debido sobrellevar los cambios que provocan inevitablemente el consumo de un anticonceptivo, la constancia que requiere tomarlo todos los días(en su mayoría), y las alteraciones metabólicas que eso significa.
Sin embargo, esto cambiaría muy pronto, cuando se comercialice libremente la anticoncepción masculina, la que deberá inyectarse una vez cada tres o cuatro meses, impidiendo la producción completa de espermatozoides.
Según Henry Kinkead (25 años) "tiene sus ventajas ser cosmopolita. Y creo que como tenemos una posición estratégica podemos conocer diferentes culturas del mundo y en algunos casos asimilamos algunas cosas de ellos para enriquecernos. Sobre la tolerancia pienso que el panameño tolera un poquito, dependiendo de la nacionalidad de donde venga la persona y cómo se comporte en nuestro país.
De acuerdo con Zuleika Cordero (30 años) "es bueno que haya muchas culturas, porque uno aprender mucho. Y en cierta forma el país crece. Pero, hay que tener prioridades y noto que con tanta gente de ciertos países, los de aquí pasan a ser como de segunda categoría. Uno va a las empresas y lo primero que nota es la presencia de los extranjeros. Llegará el momento en que nos van a echar del país. Debe haber un límite porque entonces perderemos lo autóctono del país. Uno mira y se queda pensando ¿estoy en Panamá?
Opino que el que haya muchas culturas es bueno. Nos permite convivir con personas de diferentes idiosincracias, de diferentes culturas. Además de eso, de por sí somos un país con multiplicidad de razas. Eso nos hace distintos al resto de las naciones latinoamericanas. Somos en verdad "un crisol de razas". Aprendemos de la cultura de los extranjeros y les enseñamos cómo somos nosotros. En cuanto a la tolerancia, esto no nos lo dan los maestros. Eso se aprende en el hogar. Tenemos que trabajar más en ese aspecto. Educarnos más en casa. Que nuestros padres nos enseñen a ser más tolerantes, comprender a los otros, ponernos en los zapatos de las demás personas. Así los problemas se minimizarían.
"No nos perjudica si no trajeran malas costumbres y violencia", dijo Abdel Ledezma, de 28 años, quien agregó. ¿Cuándo se había visto que ajusticiaran a la gente como lo están haciendo ahora? Y que todo se quede como si nada".
"Las empresas prefieren contratar a los extranjeros. Y nosotros que nos comamos un cable", dijo Julián González Saldaña, de 26 años. Él vende celulares, antenas de TV, paraguas, CD´s y ahora en noviembre banderitas. De hecho, ya tiene un listado de cosas que comprará en las casas mayoristas para revenderlas en diciembre y tratar de ayudar a su familia, donde con él son tres los que se ganan la vida como microempresarios, para ayudarse. Son seis hermanos: la de secundaria pasa a máquina trabajos, otra es costurera Julián hace lo que puede vendiendo en semáforos.
Yaira Lasso, de 25 años, por su parte, le parece que es "regular" esto de que aquí en Panama conviven muchas culturas y razas. "No es bueno. No es malo del todo. Pienso que está bien que vengan, pero que así como los toman en cuenta para los puestos que también se acuerden de los panameños. Nosotros también estamos capacitados. No sé qué tendrán que no tengamos nosotros. Me gustaría saber si nosotros de estar en otros países tendríamos tantas oportunidades como las tienen muchos extranjeros en el nuestro".
Eduardo Contreras fue enfático al señalar: "Más son las desventajas que las ventajas. La parte buena es el turismo.
El país está creciendo y hay empleo. Lo malo es que con la gente también a veces vienen cosas como drogas y otras que nos perjudican.
Por otro lado, Panamá, que es bueno en eso, se copia de todas las costumbres de otros países rapidito".
"Sí, que vengan de otros países. Pero, muchas veces ellos cogen las empresas y los panameños somos los empleados suyos".
Lasleymis Batista (18 años) prefiere no generalizar. Así como los hay buenos los hay malos, nos dice. Y, agrega que esto se aplica a todos. Por ejemplo, pone el caso de los chinitos en abarroterías. Esos que cuando tu vas hoy el arroz cuesta un precio y mañana, otro. ¿Pasado? ¡Ni se diga! Y cuando le reclamas, con cara de yo no fuí te dicen: "Tu no quielej pagá, cosa lula, gasolina cala, aló calo". Pero, hay otros que son considerados y te fían y te preguntan por la familia y te cuentan su vida. Es más, hasta contratan a panameños.