Los principales protagonista del movimiento surrealista se quedaron anclados en el paternalismo hacia la mujer, cuando no en puro machismo.
Para sus protagonistas, las mujeres eran simplemente musas, muñecas que podían descoyuntarse a voluntad, objetos eróticos o simples torsos.
Como señaló en su día una de ellas, Dorothea Tanning, "el lugar de la mujer entre los surrealistas no eran distinto del que ocupaba entre la población en general".
Ésa es la imagen de la mujer en el surrealismo que se ha propuesto corregir la austríaca Patricia Allmer en una exposición que bajo el título de "Ángeles de la Anarquía", tomado de una escultura de Eileen Agar, se inaugura hoy en la Manchester Art Gallery y que podrá visitarse hasta el 10 de enero.
La exposición permite arrojar una mirada totalmente nueva sobre ese movimiento a la vez que rescata de un injusto olvido a muchas de esas artistas por derecho propio. Explora a través de tres generaciones de artistas, cómo artistas de distintos países, desde México (Kahlo y Lola Álvarez Bravo) hasta Checoslovaquia, pasando por Francia, Bélgica o España (Remedios Varo), desafiaron las convenciones.