En una ocasión, Francis Bacon, estadista y filósofo inglés, dijo: “el hombre tiene en sus propias manos el molde de su fortuna”.
Esa sentencia de Bacon ha permitido una actitud emprendedora para muchas personas.
Decimos esto ya que vivimos en un mundo muy agitado, con problemas que nos agobian; principalmente a las sociedades menos favorecidas. De ahí que todos los días seamos testigos de lo que implican los bajos niveles de vida de nuestras comunidad donde cada día son más difíciles el estado de extrema pobreza en que se sumen. Pero, otras personas, evolucionan hacia mejores días. No se quedan ahí, postrados en la indolencia. Por el contrario, asumen un pensamiento creativo como actitud y hábito mental que le sirve como alimento diario. Claro que es una tarea que requiere de un poquito de esfuerzo, de gran voluntad para que nazca, crezca y se fortalezca ese deseo por estar en una constante búsqueda ideales y excelencia en la verdadera actitud emprendedora.
La actitud emprendedora se opone al conformismo, es decir, a la involución, al estancamiento, a la pasividad; uno deja de ser un simple espectador de la vida y empieza a mirar la realidad como un ser activo en ella; armando, montando, desarrollando el propio teatro, escenario de su vida, para actuar en ella con fuerza visionaria, hacia un futuro con una visión del mañana mucho mejor.
Comprometernos con un valor de autoestima es muy importante para aquellas personas que nos aceptamos a nosotros como somos, ocupándonos de nuestras fortalezas, olvidando un poco las debilidades.
Si nos trazamos un mapa de las categorías de nuestras vidas nos daremos cuenta que cada uno de nosotros tenemos derecho a elegir, a decidir lo que queremos ser. De ahí que comparta la sabia sentencia de que, el factor importante y decisivo en la vida no es lo que nos pueda ocurrir, sino la actitud que asumimos ante lo que nos ocurra.
La necesidad de darnos un reto permanente consiste en desear la superación de los obstáculos encontrados en la vida, asumiéndolos con una actitud optimista confiando en nosotros mismos.
Comparto también el criterio de lo que en cierta ocasión dijo un sabio que era mejor estar en el sitio preciso en el momento adecuado que ser la persona más inteligente de la ciudad. Ello es, prepararnos para atender los gigantescos proyectos que pueden presentarse si nos convertimos en hombres y mujeres disciplinados; planeando cada actividad, manejando el estrés, compensando el tiempo y superando obstáculos, de entre muchos otros retos.
Debo señalar que asumir un compromiso es fácil pero cumplirlo entraña dolorosos riesgos.
En las peculiares circunstancias en que el mundo se encuentra hoy día, no bastan palabras alentadoras como las aquí descritas si no las llevamos a la acción. Más, tengo amigos que me señalan y hasta aseguran que algún día nuestra técnica de alentar hacia mejores días, a muchas personas que nos leen, será algo así como una magia pura, en el sentido de que como mecánica irá funcionando y perfeccionándose en los hombres y mujeres de tal forma que bastarán pocas palabras para comprometerse en pensamiento, cuerpo y alma por ser cada día mejores.
Así, me atrevo a señalar que existe una gran cantidad de personas que están a la espera día a día de palabras de aliento para salir de su estancada vida.
Claro que en la vida existen problemas, dificultades y cambios bruscos que tienen propósitos. Pero si tomamos un momento para reflexionar nos daremos cuenta que todo aquello tiene solución. Es como si imagináramos a nuestras vidas como un río que recorre el paisaje entre piedras, recodos y cambios de curso. Ahí, no podemos ver hacia dónde va, pues nos encontramos atrapados en la perspectiva del momento. Sin embargo, si subiéramos a un helicóptero, tendríamos perspectivas distintas, podríamos mirar con aceptación dónde están los obstáculos, las piedras o las raíces para analizar y avanzar por un mejor sendero.
Si el éxito es alcanzar metas, entonces tracemos, establezcamos habilidades que nos permitan lograrlas, enfocando un gran control por mejorar nuestras vidas.
Si pensamos que estamos destinados al fracaso, fracasaremos. Entonces, saquemos de raíz este tipo de pensamiento; eliminemos de nuestro diccionario la palabra “profecía del fracaso” y fijemos metas claras.
Si mostramos seguridad en nosotros, en nuestros actos de triunfo, de que triunfaremos, como característica esencial, aflorará el éxito. Como personas podremos encontrar escollos que normalmente conducen a dudas, a momentos de inseguridad. Si sopesamos factores, si identificamos los obstáculos, podemos alcanzar nuestros sueños, esforzándonos un poco más.
Propongo una serie de ejercicios que diariamente pudiesen reforzar una mejor seguridad y autoestima en nosotros mismos, para alcanzar las más altas cumbres del éxito en la vida. Estoy seguro que usted puede lograr lo que quiere en la vida, porque no hay límite para que un hombre y una mujer puedan lograr lo que se propongan.
¡Ah!, me olvidaba decirles; si usted anda con ese tipo de personas como amigos, compañeras, individuos perezosos, aburridos, mal humorados, negativos, amargados, es mejor que los deje a un lado, no vaya ser que se les pegue o contagie algo de eso y no puedan arrancar la “turbina” que mejorará su estilo de vida. ¡Reflexione y verá que lo que le estoy señalando es muy cierto!