Pronto sabrán de una tendencia cinematográfica que estará dando sus resultados en las taquillas. Tiene que ver con Alien Vs. El Depredador, pero primero tendremos que pasar, como parte de estos “celebrity deathmatchs” con el inigualable sabor de dos colosos del cine “slasher”: Freddy Krueger y Jason Vorhees.
En este filme de Ronny Yu, famoso por haber rescatado a Chuky de una muerte segura en las tiendas de video cuando le dio un giro gracioso a la franquicia con la novia de Chuky, Freddy Krueger está molesto en el infierno porque en Elm Street se han olvidado totalmente de él, así que decide reclutar a Jason Vorhees utilizando a la madre del asesino de camp Cristal Lake para volver a la tierra de los vivos y matar a los muchachos de la calle Elm para que vuelvan a sentir el miedo y así regresaría “la pesadilla”. Las cosas se le complican a Freddy cuando Jason toma las riendas de la masacre y se da cuenta que regresó por jugarretas de Freddy.
Es allí en donde pasa lo ievitable: el encuentro. “Pesadilla en la Calle Elm” nunca fue una sangrienta experiencia de terror, pero Wes Craven mezcló muy bien los elementos para que Robert Englund infundiera cierta fascinación como el cínico, despiadado y creativo asesino de los sueños. Sabiendo que la serie se iba a pique, decidió retornar con “A ew Nightmare” y se despidió con honores de la franquicia.
Sean S. Cunningham, en cambio, hizo una ridícula película “Slasher” que tuvo un sinnúmero de secuelas - una más mala que la siguiente- conservando elementos comúnes (mujeres desnudas, jovencitos fornicando, mucha sangre, muertes violentísimas y la máscara de hockey).
Este año se hizo la más lucrativa de ambas franquicias y, para ser honestos, es más de lo mismo, pero muy conservadora. En los ochenta la serie de Jason era notable por los desnudos y las referencias sexuales. En esta última entrega la dosis baja notablemente porque se mezcla con el “feeling de Freddy”, que es una onda más de ensueño, pero menos graciosa que las anteriores entregas. Afortunadamente, es una película corta y para pasar el rato, nada más. (2.7)
Louis Sachar escribió una novela de mucho impacto entre los jóvenes lectores en Estados Unidos. Disney la lleva al cine y la experiencia es divertida y mejora significativamente la tendencia del estudio a realizar películillas blandas con personajes tontorrones que apelan al encanto de preciosas chicas que desde una mirada inocente tratan de meterles en la mente puras superficialidades. En el caso de la maldición de los excavadores, nos encontramos frente a un terreno literario que a todo buen lector ha de fascinar.
El filme narra las peripecias de Stanley Yelnats (Shia Labeouf), un joven que lucha contra la mala suerte que le persigue por culpa de una antigua maldición familiar. A Stanley injustamente lo condenan a meses de cárcel en la prisión de Green Lake por un delito que no ha cometido y junto con sus amigos son obligados, bajo la autoridad de la directora de la prisión (Sigourney Weaver) y de sus hombres Mr. Sir (Jon Voight) y Mr. Pendanski (Tim Blake Nelson), a cavar hoyos para “endurecer el carácter”. El misterio de las excavaciones será la más grande aventura en la vida de Stanley que, por cierto, le permitirá acabar de una vez por todas con la maldición familiar.
Vale la pena meterse a ver una película menor como ésta que cuenta en su elenco con gente de la talla de Voight, Weaver y Blake Nelson, bien dirigidos por Andrew davis, que se recupera de los golpes recibidos por “Daño Colateral”. (3.9)