Un simple globo rojo empezó toda esta historia de cinco días... que sucedió en el primer piso de la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castilllero R. Entre todos y todas lo soplamos y adentro de ese globo estuvimos metidos sesenta personas; de todos los tamaños, edades, colores de piel, estratos socieconómicos.
Un globo es un juguete; a donde lo lleves pasa algo, ocurre algo, porque es mágico. Efectivamente, dentro de ese globo se redescubrieron maestros, pastores cristianos, ama de casa, bibliotecarias, jubilados y jubilosas, periodistas, médicas, artistas, empresarias, manos amigas, traductoras, abogados, oficinistas, estudiantes, adolescentes, científicos y hasta un hombre de saco y corbata; para des-cubrirse y aparecer como garbanzos humanos, magos, pajaritas, leñadores, capataces, duques, condes, emperadores, asombrosos cuentacuentos y hasta un payasín directamente de Cuba...
EXPERIENCIA INOLVIDABLE
Ese grupo trató de hacer de lo cotidiano algo extraordinario y lo logró entre el 21 y el 25 de mayo: lunes de puntualidad (que marcó la constante del resto de la semana), martes de "a pesar de la lluvia" (que indicó el interés y grado de compromiso de los participantes), miércoles de puro sentimiento (con lágrimas que se mostraron a pesar de los esfuerzos por dejarlas presas tras los párpados), jueves de mucha curiosidad, viernes de corazones, varitas mágicas y guitarras (energía: pum-púm, pum- púm, pum-púm, y ran-ran-ran, ran-ran-ran).
El globo fue el punto de apertura del Seminario Taller para Animadores de Lectura dictado por el escritor Héctor Miguel Collado, promotor de lectura y la profesora Olga de Cuevas, coordinadora de bibliotecas públicas, ambos de la Fundación Biblioteca Nacional de Panamá. Este tipo de seminario lo vienen ofreciendo desde el año pasado (2000), en diferentes provincias del país, pero es la primera vez que lo realizan en la ciudad capital.
ANIMAR LA LECTURA
Collado afirma que "no se puede pasar de la nada a lo sublime sin paradas intermedias. Hay tantas lecturas como niveles de comprensión lectora. No se puede ir al Quijote sin pasar primero por el acervo de los cuentos de hadas ni a las epopeyas de la literatura universal, sin pasar por los mitos y leyendas de nuestros pueblos. La lectura es un aprendizaje, un crecimiento y aprender es un oficio que nos hace grandes.
Cada sesión del Seminario Taller para Animadores de Lectura duró un mínimo de tres horas dedicadas a la reflexión, análisis de conceptos básicos relacionados con la importancia de la lectura, dinámicas de grupo, así como talleres de sensibilización, expresión y creatividad, donde la imaginación fue la herramienta fundamental.
Se mostró y discutió el video: "A leer lectores, antes de leer", del CELALC de Colombia. Las discusiones se desarrollaron en torno al analfabetismo funcional, la promoción de la lectura, el Manifiesto de la UNESCO para las bibliotecas públicas, la animación y técnicas de lectura, las estructuras del cuento, la preparación de las guías de lectura, entre otros temas.
SEMBRAR SUEÑOS
Aquí es donde empiezan a desdoblarse los asistentes al seminario. Es miércoles 23 de mayo. El objetivo a cumplir es la organización de actividades de expresión creativa. El director del seminario taller, ya simplemente "Héctor", ha dado las instrucciones el día anterior para que tod@s traigan un objeto significativo y escriban porqué tiene un valor incalculable.
Empieza el desfile de los relatos, los recuerdos, los sentimientos, las sonrisas, las risas y las lágrimas. Hay de todo: "monedas mágicas", seres muertos-vivos, obras de arte de hijos que ganaron premio de algun concurso de pintura infantil o juvenil, una abuela "gran contadora de cuentos", una pollera blanca, un gancho para bordar, rosas rojas, el platito de un juego de té cuya tacita se quebró hace muchos años, un burrito de plata, un brazalete de acero inoxidable, hecho a mano, del que sólo hay dos en el mundo.
Y hay más: las llaves de una casa que fue donada por el general Omar Torrijos Herrera, fotografías de hijos, la primera camisita de un bebé (que ya creció), el recibo de la prueba positiva de un embarazo, la huella del piececito de un hijo cuando tenía pocos meses de nacido, la anécdota contada por una abuela acerca del beso-condecoración que uno de sus nietos le dio a su abuelo un día de cumpleaños, un anillo de matrimonio, símbolo de un juramento de amor, la notita de una madre con motivo del vigésimo cumpleaños de su hija: "a la niña más linda del universo"; el recuerdo del papá que sólo llegó a tercer grado de primaria, pero que por su sabiduría empírica y su autodidactismo y respeto por la vida siempre fue consultado por sus hijas aún después de graduarse y ser profesionales.
COSECHAR SONRISAS
El último día fue de algarabía: el gran grupo se había dividido grupos que inspirado en cuentos infantiles hicieron aparecer los personajes mencionados al inicio de esta crónica: algunos con máscaras de papel periódico que danzaban alrededor de un garbanzo humano al ritmo de una guitarrita venezolana, entre aplausos y carcajadas; una madre y una hija que discutían alrededor de colores mágicos; otros alrededor de un mago al que una niña linda le encargaba manos adicionales; una orquesta llamada Arco Iris de Sonidos, formada por bongóes, panderetas, flautas, harmónica, maracas y voces que demostraban que con el oído también se ve y se lee; un niño grandote (como de 55 años) que quería ser dragón; una dinámica cuentacuentos que con sus palabras hizo dormir a sus niñitas con el encanto de sus narraciones; un payasín que contó y cantó su propia vida a través de la voz y la guitarra de un músico profesional