“Las escenas del asilo fueron difíciles de hacer. Después que me atrapan ensangrentado... como tienen que culparme de todos los asesinatos, planteamos que la Policía pensaba demostrar que yo en verdad no me transformaba en ningún Hombre Lobo, aunque igual querían condenarme a la horca. Es como un juicio. Y yo propuse que le inyectaran alguna droga para que tuviera las pesadillas que figuraban en el libro original. El director después propuso un electroshock que había en aquel entonces, pero en el guión ya estaba la escena donde me ahogan en el agua. Y fue dificilísimo, porque me ataron a una silla y a medida que me sumergían en lo que se supone que es agua congelada, yo decidí gritar. Lo que aprendí a la fuerza es que al gritar, dejas la boca abierta y cuando te meten en el agua, ya entras sin aire y el agua se te mete por la nariz y la boca. Es decir que al salir, solo podía exhalar, porque el agua no me dejaba aspirar más aire”.