Variedades

Cuando el deseo le gana a la razón

Las personas se sobregiran porque caen en la red de las rebajas y otras tentaciones de un mercado que pondera el consumismo. Para evitar ser víctima y salir de la espiral de endeudamiento, urge planificar. Hacer un presupuesto. Priorizar lo que es necesario.


Rosalina Orocú Mojica (rosalina.orocu@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Para “ser” hay que tener. Pareciera ser en estos tiempos la concepción errónea de miles de personas de todas las edades en Panamá y cruzando las fronteras.

Así han crecido. Eso aprendieron. Eso les martillan todos los días los que quieren mantenerlos cautivos comprando, gastando, pidiendo crédito, endeudándose, volviendo a pedir más crédito para pagar esa cadena interminable de deudas como insaciables son las ganas de acumular posesiones, muchas veces innecesarias.

Sobre la materia reflexiona y nos da luces un sociólogo conocedor de los hilos que mueven la economía, el Licdo. Roberto Antonio Pinnock.

A nuestra pregunta si considera que somos títeres del sistema respondió: “en buena medida, podría decirse que sí somos títeres del sistema que gobierna las sociedades del mundo de hoy, en tanto que seguimos pautas compulsivas, es decir, consideradas de obligatorio cumplimiento, aun cuando no satisfagan necesidades naturales. Por tanto, la administración de las finanzas sigue una pauta que nos ha sido impuesta, en tanto que gobiernos, empresas poderosas, medios publicitarios y hasta las leyes establecen reglas de convivencia y reconocimiento social basados en el tener (cosas), mas no en el ser (persona), que hacen que el consumir determinados artículos o servicios se convierta en una actitud simbólica y de creación de estilos de vida. En otras palabras, el individuo de hoy sigue una conducta racional que busca satisfacer necesidades personales y grupales, pero esta lógica (racionalidad) que sigue, a final de cuentas, no satisface necesidades reales, sino ficticias”.

Ejemplos

Afirma que “las personas compran determinado tipo de artículos de vestir porque eso es parte del estilo de vida que le es propio al grupo del cual buscan aceptación, reconocimiento social, que a su vez, les permite estar más cerca de los medios que son fuentes de recursos económicos”.

Explica: “Piénsese, por ejemplo, en el abogado, el vendedor de seguros, el directivo de empresas comerciales o de servicios que se ve obligado a vestir de cierta manera (con indumentarias capaces de desbalancear cualquier presupuesto de los estratos socioeconómicos bajos y medios), como símbolo de que lo que hace o vende es “comprable” y, en efecto, la clientela piensa de esa manera, en la que la envoltura, la imagen, pesa más en el criterio de adquisición del servicio o artículo que estos profesionales ofrecen. Así, el consumo de tales prendas de vestir se convierte en símbolo del éxito personal”.

Pinnock enfatiza que la cuestión se convierte en parte de una cultura cuando esto se hace en el convencimiento de que es una conducta de obligatorio cumplimiento en la sociedad y como un bien a ser alcanzado (valor) para vivir “dignamente”.

Concluye explicando que “los jóvenes, por su parte, compran determinado tipo de artículos de vestir, de distracción o de comunicación, porque con ellos creen estar moldeando un estilo de vida que satisface su necesidad de encontrar su identidad generacional, esa que los distingue de la generación de sus padres o abuelos, la cual rechazan en esta etapa juvenil”.


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879037
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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