Mientras él pedía "una pluma o algo para escribir", yo con asombro me preguntaba que de dónde rayos quería que sacara un lapicero en plena calle, porque si bien es cierto, para nosotros, los panameños, un lapicero no es más que una estuchera o envase para guardar bolígrafos y lápices.
Pero como bien dicen, uno nunca termina de aprender. Aún, hace poco, me quedé pasmada cuando en la casa me pidió una "cabuya"... Mientras yo trataba de descifrar qué era aquello, que no resultó ser más que una cuerda, él me decía: "¡Amor, como no vas a saber qué es una cabuya!", como si fuera mi obligación tener que entender su lenguaje colombianísimo.
Y es así como es clásico escuchar en nuestros vecinos, cuando un gamín (piedrero) ve algún "visaje" (amenaza), decir: ¡Hey, llave, pilas que viene un tombo!, cuando para nosotros sería: ¡Hey, amigo, juega vivo que viene un policía!
También es común escuchar que unas "sardinas" (muchachitas) se fueron "de rumba" (a bailar) junto a unos "parceros" (amigos) y la pasaron "bacano" (muy bien), después de tomarse unas "polas" (cervezas) hasta quedar "prendidos" (mareados o "en fuego").
Tampoco es raro para estos sujetos que al día siguiente amanezcan "enguayabados" (engomados) y que no tarde la "cucha" (la mamá) en meterse a la "pieza" (habitación) para montársela (molestarlo o regañarlo) hasta la "mamera" (hasta el aburrimiento), por lo "cansona" (fastidiosa) que se pone, siendo el único deseo que cierre la "jeta" (la boca).
Para ilustrarle un poco más de lo complicado que puede resultar entenderlos, les traemos los siguientes términos y sus significados:
- Catana: persona mayor
- Vieja: por decir "mujer"
- Tinto: café
- Fríjoles: porotos
- Marrano: puerco
- Morronga: "mosca muerta".