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Cuando siempre quieren ganar


Se angustia si no saca la puntuación perfecta, se molesta si alguien lo supera en algo, quiere ser siempre el mejor en todo, ganar es su prerrogativa. Buscar la excelencia no es malo, lo negativo radica en la actitud que toma si no se consigue.
La Dra. María Claudia Lamb, psicóloga clínica de la Clínica Psicológica de la Familia y la Pareja, nos recuerda que los niños aprenden de nosotros. Ese aprendizaje que va desde avisar cuando necesitan ir al baño hasta leer y escribir, requiere grandes esfuerzos.
A menudo, ven en la salida más fácil (rendirse) la solución. En esos momentos es nuestro deber, según la experta, inculcarles la tolerancia a la frustración, el seguir intentando a pesar de la dificultad que enfrentan, el levantarse después de caer, para que puedan alcanzar sus metas.
El mundo de los adultos es como una justa, en donde competimos constantemente por ser más exitosos, más atractivos, por tener más dinero o los mejores empleos. "De allí que no es sorpresa que nuestros niños detecten esto y rápidamente aprendan que ellos deben ser perfectos también", explicó la doctora.
Nuestro pequeños aprendices, los niños, perciben nuestro afán de ser el mejor y lo imitan de la mejor manera que pueden. Ese factor, unido a un temperamento competitivo y a la presión de los padres, germina en nuestros hijos el deseo irrefrenable de ganar.
María Claudia mencionó el caso, muchas veces patológico, de padres que quieren vivir a través del niño o niña y sentirse validados a través de los éxitos del niño. Estos padres y madres tienden a presionar de manera particular a sus hijos para que cumplan con las expectativas que ellos tienen de sí mismos y que buscan satisfacer a través de sus hijos, sin darse cuenta del daño que les causan.
De acuerdo con la especialista, a los pequeños perfeccionistas, en términos generales, se les puede dificultar el aprendizaje, que por definición implica cometer errores, o al menos no lograr los resultados deseados sino con la práctica.
También promueve la inseguridad. El niño considera que vale por lo que logra y no por lo que es; creencia peligrosa que desgasta y atenta contra el autoestima del infante.
Como padres y madres, lo primero que aconseja la psicóloga es "flexibilizar un poco nuestras expectativas para con nosotros mismos, para poder revisar y ajustar las expectativas que tenemos de nuestros hijos (y que les transmitimos de muchas maneras, no todas verbales)".
Alimente su autoestima. Elogie sus esfuerzos por aprender y desarrollar sus potencialidades. Haga énfasis en el proceso más que en el resultado final, "no se trata de la nota, sino de cuánto aprendió y de cómo puso lo mejor de sí en el camino".
Deje que se esfuercen y lo intenten muchas veces antes de lograrlo. Resista la tentación de hacerlo por ellos. Elogie descriptivamente, diga cumplidos que expliquen exactamente lo que le agrada. "Se nota que te estás esmerando en este dibujo. Me gusta cómo has hecho el jardín de la casa, con flores y colores vivos", fue el ejemplo de la Dra. Lamb.
Mi receta personal para quitarle el estrés a mi hijo Diego, un niño muy competitivo, es contarle mis chascos infantiles. Nos reímos juntos de mí y luego, ya sin presión, le digo que siempre lo voy a amar sin importar lo que haga. Explíquele que nadie nace sabiendo todo, que hay que cometer muchos errores antes de hacer las cosas bien y que aún ahora usted tiene muchas cosas por aprender.


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117941
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América