Bajo un radiante sol, en la capilla del palacio real sueco, entre una canción de Marie Fredricksson -voz femenina del dúo Roxette- y los deseos de felicidad de su hermana Vitoria, Magdalena se convirtió en esposa de Chris O’Neill, vestida con un traje nupcial de encaje de Valentino.
Ella, en su idioma natal y él, en inglés, hicieron el intercambio de votos en una nueva versión menos mediática de la ceremonia de la heredera, Victoria, la cual se realizó hace tres años.
Los reyes, Carlos Gustavo y Silvia, y su único hijo varón, Carlos Felipe y los herederos de los tronos de Noruega y Dinamarca -Haakon y Federico, con sus respectivas esposas Mette-Marit y Mary-, ocuparon los lugares más destacados en la parroquia de la casa real.
El llamado “club de los jóvenes príncipes escandinavos” tuvo un protagonismo casi absoluto de la ceremonia.
La boda de Magdalena, de 30 años, y cuarta en la línea de sucesión al trono del rey Carlos Gustavo, fue oficiada por Lars-G ran Lnnemark, obispo emérito, y por Michael Bjerkhagen, un predicador de la corte sueca.
Los medios describieron el enlace como sobrio y alegre, marcado por las sonrisas de la pareja.
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