Por fina deferencia de su autor, nos deleitamos este fin de semana con un ejemplar de Cuentos de Verano, del Dr. Juan Carlos Voloj Pereira, obra que en su tercera edición fue presentada la semana pasada por el Círculo de Lectores de la Universidad Santa María La Antigua, CLEC, como parte de las actividades conmemorativas de su aniversario. Felicitamos a este diligente grupo de lectores y lectoras algunos/as con obras publicadas, otros/as que hacen sus pininos literarios, pero que tienen en común ese amor por la lectura y que están haciendo un gran trabajo de concientización en la materia, siempre bajo la atinada guía del Prof. Ricardo Ríos.
Disfrutamos del estilo sencillo, descriptivo, pintoresco del Dr. Voloj Pereira en esta colección de cuentos que escribió en sus años mozos, según pudimos leer en uno de los comentarios que de ella han hecho ilustres intelectuales,algunos ausentes físicamente.
Hombres de la talla de Víctor F. Goytía, Gral Leonidas Plaza, Dr. José María Núñez Q., Ernesto J. Castillero R., Dr. Gustavo Méndez Pereira, Gil Blas Tejeira, Leonidas Escobar ponderan la obra sobre la cual trataremos de expresar nuestro parecer.
En el primero de los 16 cuentos, titulado "Entre amor y patria", Juan Carlos Voloj Pereira presenta el cuadro de cómo dos personas que se aman pueden estar lejos aunque marchitándose. Habla de dos amores, a la patria y a la pareja. Y de cómo la vida colocó a Alvaro Gallardo el cubano de Camagüey en la disyuntiva de escoger entre su amada y la lealtad a su patria y sacrificó el amor. En vano, por promesas incumplidas. Vivió traición, dolor, cárcel y después cuando retornó a Panamá con el corazón hecho pedazos y las ilusiones resquebrajadas en busca de María Teresa Fernández, cuyo amor sería bálsamo para su sufrimiento, terminó de venirse abajo su mundo. Su amor le pertenecía, pero otro le había robado su presencia. Y he aquí que pinta un cuadro más común de lo que nadie creyera. Y es que por temor a la soledad, los hijos o por otras razones que no son el amor, las personas unen su vida con el sagrado vínculo del matrimonio. Y, entonces, viven una farsa. Y comparten techo y lecho y una relación en pareja que no es la mejor, pero a la cual se han acostumbrado o con la cual se "castigan", todo por el qué dirán, por llenar apariencias.
En el jupeo el lector se ubica en el campo, en la espesura de los bejucales, en donde la muchachada guiada por un cojito llamado Camayaguo, con sus tres perros, Bonito, Canelo y Hocicón, se aventuran con el hijo del dueño del pueblo, Tito, en la cacería de venados. Hay en el cuento una moraleja, de cómo la soberbia ciega a la persona.
Quizás el cuento más revelador es La Máscara, que precisamente termina con esta frase "Cuántos seres hacen de su vida un carnaval y cuantos hacen del carnaval su vida". Y es que en este relato los personajes caen también presa de prácticas mundanas que reinan por doquier precisamente en las celebraciones carnestoléndica, en donde bajo los efectos del alcohol se pierde la cordura y salen a flote las bajas pasiones. La falta de criterio de las personas para vivir en base a principios, sin alardearlos, sencillamente ser y actuar de una manera por convicción y no por imposición. La carencia de valores permanentes, de autenticidad, la confusión entre libertad y libertinaje, son aspectos que de una forma u otra salen a colación en este escrito que es una impresionante bofetada social.
Su Primera Redención es un cuento diríamos atrevido y lleno de verdades en donde Juan Carlos Voloj Pereira coloca a un Fidel que autoexiliado en España carga como equipaje un vacío tremendo: de amigos, de camaradería, de familia. Lo único que le quedan son recuerdos de sueños truncados, de buenas intenciones que no cuajaron, porque sus planes iniciales sufrieron sobre la marcha una metamorfosis porque el afán de poder y control a la larga fueron los motores de su vida. Un hambre de poder que saboreó y lo emborrachó al punto de que olvidó ideales y se sumió en un maremagnum de soberbia, pedantería, intolerancia, poder que abruma porque se es preso de éste, porque de la conciencia no se puede escapar y es compañera implacable que conduce a quienes no tienen las cuentas claras a un delirio de persecución porque "el que siembra truenos cosecha tempestades".
Hay una serie de planteamientos en este cuento. Verdades que el mismo Fidel debería repasar porque a la hora del encuentro final, de su partida, cuando revise su hoja de vida a lo mejor en algunos aspectos no distará mucho del retrato pintado por Voloj Pereira cuando en el cuento habla del encuentro con el niño que le vende turrones y le sonrió angelicalmente: "Aquello emocionó al hombre. Hacía tanto tiempo que un niño no le sonreía como se le sonríe a un hombre bueno. Siempre le sonrieron como se le sonríe a un hombre-fuerte". Y he allí que este es un mensaje válido para toda persona sea en un país, empresa, oficina, hogar, en la comunidad, donde fuere, que ostente algún cargo de poder o autoridad, NO ES LO MISMO RESPETO QUE MIEDO.
También este cuento sobre un Fidel en el destierro muestra esos deseos innatos del ser humano se sentirse amado, de tener cabida entre sus congéneres. Esa bondad con la que se nace y que según el gran filósofo Juan Jacobo Rousseau, autor de El Contrato Social, precisamente echa por tierra la sociedad cuando le muestra su Caja de Pandora.
Y así siguen otros cuentos de Juan Carlos Voloj Pereira, interesantes todos, cuya lectura recomendamos, como El misántropo, Reconciliación, Un ángel limpiabotas, hermosísmo relato, a mi parecer el más lindo de todos, sobre un negrito de Boca La Caja, limpiador de botas. Una historia enternecedora, de Navidad, de solidaridad, de amor que derrumba todo tipo de barreras, de hermandad cristiana, con un final triste o feliz según se mire si desde el enfoque terrenal de valoración de esta vida como la valedera o desde el enfoque cristiano en donde más bien la muerte es redentora y el camino hacia la vida eterna.
Igualmente, están otros cuentos que vale la pena leer, como Un diablo viejo, La Navidad de Feliciano, Las Marineras, Operación Diablo, Eludina, 16 años, Demetrio y Ricardo, Un Sabio Ignorante, El niño y el Perro (en donde el tema es la transición niño-hombre, cuando los amigos lo reclaman y la mascota, mamá y papá pasan a segundo plano).
Los suyos son relatos cortos, pintorescos, con personajes que de una manera u otra están presentes en la vida vernacular, que no pasan de largo porque han dejado una huella. Nombres hipotéticos muchos, pero reflejan a alguien (o muchas personas) que es así. La ficción toma de la realidad algunos hechos y personajes y los coloca en escenarios cotidianos o no tan trillados pero tan bien descritos que una se ubica fácilmente.
Cuentos de Verano para leerse en cualquier época del año, para perderse entre las páginas imaginando estas vivencias. Cuentos todos cargados de mensajes profundos, de sentimientos, de reflexiones. De temas de todos los días, pensares, quereres, haceres que a veces no dan espacio para el mañana porque ocupan todo el hoy. De lamentos tardíos porque la indecisión o decisiones equívocas inciden en la vida de las personas y cambian su futuro. De alegrías ante las cosas cotidianas que a veces pasamos por alto por querer bebernos la vida a borbotones y priorizar equivocadamente.