No sólo hay que proteger la piel del sol, también los rayos ultravioletas, el ambiente seco, el agua del mar, y el cloro de la piscina resecan nuestro cabello.
A estas alturas, casi todas las mujeres lo sabemos, pero a veces, por pereza o por no darle la suficiente importancia, descuidamos nuestro cabello de la forma adecuada y nos encontramos con que su aspecto deja bastante que desear después que pasa el verano.
El cabello, aunque no lo pensemos a menudo, es una de las partes más delicadas de nuestro cuerpo. Sobre todo, si el pelo no es natural, los efectos de los rayos ultravioleta lo oxidan. Y si no lo cuidamos, el resultado de un pelo expuesto sin cuidado a las diversas condiciones atmosféricas (al sol en verano, a los ambientes secos y de calefacción en invierno, al cloro de las piscinas y al uso semanal del secador) es desastroso: un cabello deshidratado, mate, quebradizo, con el color degradado y de aspecto reseco.
Los atomizadores solares forman una capa protectora sobre el cabello durante la exposición al sol, los champús y las mascarillas proporcionan hidratación.