La vida de Annie (Kristen Wiig) parece ir en picada. La pastelería que abrió fue un fracaso económico y debió cerrarla, su novio y socio la abandonó, su pareja actual solamente la utiliza para satisfacer sus instintos y Lilian (Maya Rudolph), su mejor amiga, se ha comprometido en matrimonio y Annie siente que la hace a un lado porque todo parece indicar que prefiere a Helen (Rose Byrne), otra de las damas de la boda. Nace así una rivalidad absurda que provoca una serie de situaciones embarazosas y enfrentamientos especialmente penosos para la novia.
La aparición de Rhodes (Chris O'Dowd), un policía noble y de intenciones rectas, no sirve de mucho para dar un poco de sentido a la vida de Annie, puesto que a las primeras de cambio ya están en la cama. De este modo, el mensaje que se pretende dar en torno a la importancia de la autoestima como fundamento para respetarse a sí mismo y para exigir el respeto de los demás, pierde toda su fuerza.

A pesar de amar y no ser correspondida, y de no tener un centavo a su nombre, Annie intenta salir airosa del extraño y caro ritual.
Solo tiene una oportunidad para que todo salga bien, y decide demostrarle a Lilian y a las otras damas de honor hasta dónde es capaz de llegar por amor.