La inquietud de Marlaine Quijano de Castillo y Analisa Arias de Brostella fue satisfecha en 1994 cuando juntas fundaron Pointe Centro de Danzas. Dos años después entra en escena Cristina Quijano, una bailarina muy disciplinada, quien es hoy primera figura del Ballet Nacional. Varios años y cientos de niñas han pasado por sus aulas. Actualmente atienden a 400 estudiantes, pero su meta no es que la matrícula siga creciendo, sino tener la mejor calidad de enseñanza y de egresadas.
"Yo soy bastante exigente", afirma Cristina. "Yo siento que era una persona muy disciplinada y hoy en día es muy difícil serlo, las niñitas tienen otras cosas que hacer, no sólo bailar ballet". Le molesta cuando no cumplen con sus clases, porque ella mejor que nadie sabe que para ser buena de verdad y hacerse de un nombre hay que tener disciplina. Por su parte, Marlaine se confiesa más flexible. Ella adora la música movida y lo suyo es el jazz y el tap.
Como bailarina del Ballet Nacional de Panamá, Cristina conoce bien la situación del baile en nuestro país. Siente que la cultura no es tan educada para que los padres de familia piensen que su hija pueda ser bailarina de ballet profesional. La carrera no paga lo suficiente como a quienes ejercen profesiones formales, por ello aunque las niñas pudieran tener aspiraciones de dedicarse al baile, los padres no se lo permiten.
Pointe Centro de Danzas participa en competencias internacionales desde 1995, obteniendo en ellas medallas y menciones. "Nos ha ido excelente", señala Cristina Quijano. La última competencia a la que asistieron fue el Concurso Infanto Juvenil Internacional, celebrado este año en Yucatán, México. Allí llevaron 11 niñas, de las cuales tres ganaron medallas, cuatro pasaron a las finales y recibieron un reconocimiento y el resto pasó a semifinales.
Fueron momentos de mucha tensión, especialmente para las niñas, quienes se entrenaron arduamente durante un año. Marlaine considera que el ballet no es como los deportes, en los cuales quien llega primero o quien tiene el mejor tiempo gana. No, es completamente subjetivo. A un jurado le puede encantar una niña, mientras que otro la considera mala. Todo varía.
"Todas las niñas son buenas en cierto modo", dijo Cristina. Lo que no quiere decir que quien no compita no sea en un futuro una buena bailarina. Las competidoras tienen que tener pies bonitos en cuanto a empeine se refiere, buena figura, expresividad y otras cualidades que ellas ven cuando supervisan cada una de las clases. Depuran las clases antes de llegar al concurso y hacen eliminatorias en su propia escuela.
Marlaine Quijano consiguió que el próximo año la sede del Concurso Infanto Juvenil Internacional sea Panamá. Aún no se sabe donde se hospedarán los jueces y participantes internacionales o dónde serán las competencias, por lo que hace un llamado a otras escuelas y empresas que quieran cooperar con la actividad.
En nuestro país se realizan competencias de diferentes géneros de baile, en las que se premia a casi todos. Para el infante es más alentador este tipo de competencia, pero Cristina y Marlaine creen que una prueba más fuerte ofrece una enseñanza y hace madurar a las niñas.
En Pointe Centro de Danzas imparten ballet, jazz, tap y gimnasia. Además, un bailarín cubano imparte clases de Pas de déus (paso a dos), que se baila en pareja y en que el hombre maneja a la mujer. Al final de cada año la academia realiza una gran presentación en el teatro Anayansi de ATLAPA. El año pasado el programa consistió en los ballet Diana y Actión y Las películas de Walt Disney; en jazz y tap los números fueron "Panamá en vivo" y "Carnavales alrededor del mundo".
Para este año, el domingo 30 de noviembre, representarán en dos funciones: La Vallader y Hanzel y Gretel (sin la bruja mala que asusta a las más chiquitas) en ballet; Una tienda de juguetes (jazz y tap), un homenaje a Celia Cruz y un baile llamado Centenario.