RECUERDOS DE LA VIDA AGRICOLA: Terminó sus estudios primarios en 1960, siendo un hombre, cuando Pablo Navarro era el director de la Escuela República de Costa Rica. Recuerda con especial cariño a sus maestros Eladio Quintero y Manuela Gálvez . Mercedes Osorio fue quien le entregó el diploma.
Nos contó la historia de una finca suya, "Porvenir", que obtuvo por B/.10.00. También compartió otros recuerdos de su infancia, de cuando trabajó corte y, rastrojo, para sembrar arroz.
"Era junio, tiempo apretado, yo cogí el arroz, corté ese arroz y le pisé la paja para que saliera otro retoño. Salió la espiga , la recogí y la eché en un saco. De allí decidí hacer una finca en el terreno. Sembré tres palos de naranja y dos palmas de coco. Entonces, allí llegaron los venados que tienen cacho. Trabajé 4 años solito en la finca. Después tenía dos hombres que me trabajaban".
PONER TAMBOR: Nadie le enseñó a tocar tambor. Como otros aprendizajes en la vida, todo fue asunto de empeño y maña. "En cualquier casa que ponían tambor yo tocaba en el pueblo, he tocado hasta en el Canal Once, el Canal 4 y en el Festival de la Mejorana", dice orondo, mientras se arregla su sombrero y toma un sorbo de chicha. El grupo que tocaba con él lo conformaban: Julio, Agustín (tocaba el acordeón), José Félix (tocaba acordeón y guitarra) y Daniel. Sólo queda él.
AYER Y HOY: "Cuando niño jugaba pelota, turreca (cogían una piedra y la tiraban), parrampán (batear de un lado a otro), bolas, trompo y biombo", recuerda con añoranza los viejos tiempos. Epoca en que, por ejemplo, que "si una vecina regañaba a un muchacho y el muchacho iba a pegar la queja a la madre y ésta le preguntaba por qué lo regañó mejor es que dijera la verdad, porque si no recibía doble reprimenda: primero por mentir u omitir información respecto a las razones del regaño y segundo, por haber cometido la falta que hizo que la vecina lo regañara".
"La gente respetaba. Si, por ejemplo, alguien sembraba naranjas y no las cosechaba nadie se metía en el terreno a hacerlo por usted. Porque eran propiedad privada. Podían perderse allí y nadie las cosechaba".
Sobre cómo se vestían otrora dijo. "Ay, amigo, eso sí era bonito: seda blanca, pantalón blanco o pantalón caqui, la tela se cogía así: eso me lo puse yo, con mi sombrero blanco, camisa blanca y pantalón negro. Y la hebilla de oro. Las mujeres no usaban pantalones y usaban la falda a media pierna o a la altura del tobillo. No había un hijo que usara arete".
LABIA, RESPETO Y DETALLES: "¿Tremendo, no? La gente dice que yo era tremendo. Yo no sé". Lo que sí sé es que las muchachas me querían. Yo les caía en gracia a las mujeres. Eso sí, cuando yo iba a enamorarlas les hablaba suave, les hablaba con el corazón en la mano, con respeto. Iba, poquito a poquito y cuando menos acuerda ella decía : "Sí, lo quiero".
"En ese tiempo", dijo, "las mujeres no chupaban, iban a restaurantes". El se enamoraba y las pretendía pero si decían no, respetaba su decisión. "No es bueno forzarlas", dijo, y he allí que dice la letra de un poema que enfatiza en su afirmación: "No es fuerza que da la fuerza/ no es la fuerza que querer, no/ como voy o a querer que me quieran a la fuerza".
Y, así fue que ganó el amor de Gregoria Bonilla, la mamá de sus hijos y su esposa, Martina Suazo. A esta última la conoció como sigue: "Yo canté en una casa. Yo le gustaba a ella. Eso no fue culpa mía". Además, según dijo, "las mujeres se fijaban en el hombre que fuera trabajador", y él lo era.
RECONOCIMIENTOS: El aprendió a tocar el tambor en todas sus modalidades, manteniéndose activo hasta la edad de 60 años, habiendo participado, por ejemplo, en 1959, 1969 y 1972 en el Festival de la Mejorana como delegado. Por su talento y aporte en la promoción del folklore, el Sr. Bethancourt ha sido objeto de distinción. Así vemos que:
En junio de 1975, el Instituto Nacional de Cultura le otorgó certificado por su colaboración en la Semana Manuel Fernando Zárate. El 28 de mayo de 1976, nuevamente el INAC le otorga certificado por su destacada participación (a los 72 años) en el II Festival Nacional Pro Rescate de Nuestro Folklore. El 12 de diciembre de 1984, recibió certificado de Honor al Mérito en reconocimiento por sus valiosos servicios prestados al folklore, conferido por el Club Social Movimiento Independiente Chorrerano.
Para concluir tan ameno diálogo con este folclorista chorrerano que será distinguido durante las efemérides patrias, él habló sobre en qué consiste la festividad: "Era la diversión y se amanece. El hombre compraba vela. El hombre que iba a bailar tenía que tener paquetes de velas, una para él y otro para ella. Si alguien pedía a la dama para bailar la pieza, entonces él apagaba su vela. Lo que pasaba era que "viene otro a pedir un pichón". Uno pedía un pichón (una oportunidad), cuando era un conocido. Y si lo conseguía, entonces ella botaba la vela vieja y se ponía a bailar con uno. Las damas vestían faldón y basquiña. Se comía guacho y gallo pinto...".