Variedades

De langostas y gaspachos


Todo el mundo sabe que el gazpacho es una sopa fría de origen español que constituye un magnífico modo de empezar una comida en tiempo de calor; y no son pocas las personas que aprecian en lo que vale la langosta sencillamente cocida. A partir de ahí...la conclusión es sencilla.
O sea: incorporar la langosta al gazpacho, idea espléndida si la langosta no es especialmente maravillosa, entendiendo por ello no que no esté inmaculadamente fresca -si no, no se la coman-, sino que no proceda de aguas más frías que templadas y más agitadas que tranquilas.
A veces pensamos qué opinaría de esta variante del gazpacho el bueno de Sancho Panza, que ni siquiera llegó a conocer el gazpacho resultante de la incorporación a la cocina española de los productos americanos, muy especialmente el tomate, sin el cual hoy no somos capaces de concebir un gazpacho rojo que se precie.
Cuando Sancho Panza dice -o le hace decir Cervantes, que es lo mismo-, que más prefiere hartarse de gazpacho que someterse a los dictados de un médico como el doctor Tirteafuera, que le amargó la cena en su Insula Barataria, se refiere a un gazpacho que no nos resultaría hoy nada apetecible: una emulsión de aceite, vinagre y agua, con sal, pan duro y ajos.
Mucho han cambiado los gazpachos desde el siglo XVII. Sobre todo, por la ya citada incorporación del tomate. Pero, además, antes -hace nada- un gazpacho era la única comida que hacía, a mediodía, un jornalero; hoy...es solamente un entrante. De modo que ha perdido solidez, consistencia; la verdad es que hoy tendemos a tomar una especie de zumo de diversas hortalizas aliñado con aceite virgen y un buen vinagre.
Pero nada nos impide enriquecerlo con un buen marisco. Hemos elegido la langosta, pero puede hacerse con camarones. Y quien dice langosta dice bogavante, que es el nombre español del marisco conocido en inglés como "lobster" y en francés como "homard".
Para ello, lo primero será cocer la langosta en agua con bastante sal; lo ideal sería usar agua de mar, pero no siempre está a mano.Agua, sal, cuando hierve echamos la langosta y, en este caso, dejaremos que se cueza más bien más que menos. La dejaremos enfriar en la propia agua de cocción y, cuando podamos, la despojaremos de su coraza, cortaremos su cola en rodajas y aprovecharemos al máximo el contenido de su cabeza, que pondremos en un platito.
Mientras se enfría la langosta, pelen un pepino y déjenlo media hora en agua con un chorrito de vinagre, para que no les repita. Cuezan diez minutos en agua con sal, de paso, un pimiento rojo carnoso, y pélenlo cuando se haya enfriado.
Pongan en el vaso de la batidora un kilo de tomates bien rojos, pelados y troceados, con el pepino y el pimiento picados y un diente de ajo -o medio- picadito hasta lo invisible.Muelan bien todo, y pásenlo por colador, apretando con una mano de mortero.Pasen el resultante a una jarra e incorpórenle medio vaso de aceite virgen de oliva y una cucharadita de buen vinagre de vino.
Añadan ahora agua de la cocción de la langosta -ahí está la sal- hasta lograr una consistencia algo menos suelta que la de una sopa normal.Enfríen todo en el frigorífico -no lo hielen-, y pongan en cada plato, o en cada taza, un medallón o dos de langosta cocida y algo del contenido de la cabeza. Llenen con el gazpacho...y disfruten de la combinación: es excelente.


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50113
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América