L os mejores teatros de Guatemala, El Salvador y Nicaragua han sido escenarios del intercambio de artistas italianos y latinoamericanos, que personifican a los personajes de esta obra.
A su llegada a Panamá, este domingo, los recibió una fuerte lluvia que los escoltó hasta un hotel del área bancaria. Pero esto no les extrañó, puesto que en Guatemala, también la lluvia estuvo presente y no fue impedimento para que cientos de personas ocuparan las butacas.
Rigoletto es más que una ópera. En cada país visitado, los actores hacen una función especial para niños pobres, que además conlleva una charla explicativa. Cuando los niños regresan a casa, seguro que hablan a sus padres de lo que han visto, comparte la productora general, Laura Abarca.
En Panamá esta función es diferente. Para el miércoles 20 se realiza en horas de la tarde un ensayo con vestuario y escenografía, a la cual están invitados niños de una organización sin fines de lucro, pero pueden participar todos los niños que quieran.
Abarca señala que durante los últimos años el público de la ópera ha crecido, su planteamiento sustenta en el éxito de otras producciones como La Traviatta y El Barbero de Sevilla que han puesto en escena en estos países.
El barítono Mauro Agustini ha interpretado a Rigoletto unas 200 veces, y Anna Carnovali, unas 80 a la hija de Rigoletto, personaje que tiene la tarea de purificar la mala vida en que su padre se desenvuelve.
Uno de los atractivos de la obra es que combina los elementos decorativos de esa época con los recursos tecnológicos actuales. Esto le da una interpretación muy cercana a la cinematográfica. Las luces acentúan el elemento dramático.