Cuando una relación amorosa termina muchas veces nos sentimos como si nos hubiesen "teletransportado" de nuestra realidad a un mundo completamente diferente. Las esperanzas y planes que hicimos en torno a esa persona se pierden y nos encontramos nuevamente frente a una página en blanco en el libro de nuestras vidas, sin la menor idea de lo que vamos a escribir.
Dependiendo de cómo fue la relación, nos explica la psicóloga María Eugenia Moreno-Góngora, del tiempo, de la cantidad de energía y sueños que depositamos en ella y de la fortaleza del vínculo, es la sensación de vacío que sentiremos. "Es como si te quitarán el piso y te quedas en el aire", añade. "¿Cómo vuelves a comenzar?, ¿En base a qué?"
La psicóloga explica que la pérdida del objeto amado involucra un proceso de duelo que tiene diferentes etapas por las que debemos pasar. En un principio, nos resistimos a aceptar la pérdida, todavía no entendemos las razones de ella, por lo que nos recomiendan no apresurarnos.
María Eugenia recuerda a una amiga que decía: "Ni siquiera sé cómo voy a estructurar mi sexualidad, porque ella estaba relacionada con el amor. Ahora, como mujer adulta ¿cómo voy a manejar mi sexualidad?, ¿qué riesgos tengo de confundir el sexo con el amor?".
Indica la experta que podemos confundir la búsqueda de una satisfacción sexual, que el cuerpo pide, con el deseo de establecer una nueva relación. La confusión entre el sexo y el amor es el enganche más común para que las personas se involucren en una relación antes de tiempo sin haber sanado sus heridas.
No es recomendable buscar desesperadamente algo o a alguien para llenar el vacío que nos quedó. Un ejemplo que siempre emplea con sus pacientes Moreno-Góngora es el colapso de una edificación después de un terremoto. "Cuando ocurre un terremoto y se cae un edificio tú no puedes inmediatamente comenzar a construir, tienes que quitar escombros, buscar lo que quedó abajo, ver qué se dañó y estudiar qué cosas se pudieron hacer mejor. Cuando el terreno esté limpio y en orden se puede volver a construir sobre él, pero antes de eso no es recomendable porque construiremos una relación en un terreno que no estaba preparado", plantea. Se debe esperar un año, dos años o tres meses, todo dependerá de cada persona, de cuando se sienta segura para atreverse a entregar sus sentimientos.
"¡Ay! viste me quedé sin el carro y ese carro que era tan lindo", ejemplifica la psicóloga. Lo que se nos olvida es que a veces no arrancaba en las mañanas, que tenía problemas con el motor o que el aire no enfriaba bien. El no tenerlo es lo que nos hace desearlo. Las comparaciones al terminar una relación significativa son normales e inevitables. Cuando te quitan ese "pedacito tuyo", la costumbre o el hábito te hacen pensar en eso aun cuando no quieras.
"Hay un dicho que dice que la hierba del jardín del vecino siempre es más verde", expresa María Eugenia. Siempre creemos que lo que no tenemos es mejor o era mejor que lo podemos obtener ahora. Tenemos que entender que son cosas que suelen suceder y que somos capaces de ver a otra persona con buenos ojos. Es un proceso normal, pero ¡ojo! si seguimos comparando nunca nos daremos la oportunidad de hacernos de un futuro. "Aunque haya sido bueno, si se terminó es porque era bueno para mí pero no para el otro", indicó.
Aun si "rompimos" de mala manera y vivimos despotricando acerca del desastre que era el "difunto/a", con el paso del tiempo, cuando disminuye la rabia y el dolor, hay recaídas. "Fulano era un desastre, pero él no me hacía esto". Cuando nos demos cuenta de que caemos en esto, debemos hacer un alto y reflexionar que no fue tan bueno como lo queremos hacer ver ahora. En ningún tipo de relación es producente comparar.
Como bien lo ilustra un jocoso comercial de Bellsouth, para el hombre es más fácil involucrase nuevamente en la vorágine de la vida social y encontrar actividades que "aparentemente" lo distraen y ayudan a hacer cosas que podrían indicar que ya olvidó y está "gozando". Estos son sólo mecanismos que usan porque a ellos se les dificulta más trabajar sobre sí mismos y admitir el dolor y la pérdida. Suplantan la relación con la salida y el trago, sobre todo los más jóvenes.
Antes las mujeres se tomaban más tiempo para pensar las cosas y estructurar su vida, ahora se ve más a menudo lo de "¡A rey muerto, rey puesto!". El período de soledad e introspección dependerá de la calidad y duración de la relación y de quien propició el rompimiento. A quien dio el paso le será más fácil rehacer su vida que al "dejado", para quien el fin fue abrupto.
Nuestro consejo es tomarse las cosas con calma, lo que es bueno para ti llegará a su tiempo. Desarrolla otros intereses y comparte con buenas amistades. Créanme cuando digo que la desesperación se huele.
"Lo encontré con otra en mi cama. Sentía por él asco, odio y rencor. Fueron seis años de mi vida que estuve con él, además era el padre de mi hijo. Fue muy difícil para mí, trabajaba por trabajar, pensaba que todos eran unos cerdos.
Estuve seis años sola, luego supe que no todos eran iguales. El hombre con quien estoy ahora me ha dado confianza y me ha sabido querer; dialogamos mucho y me siento tranquila. Ahora lo que me pasó me parece un chiste, pero en su momento fue un tragedia de la que me recuperé hablando".
"Cuando se acabó sentí temor y dudas acerca de cómo sería la próxima relación. Tuve que mentalizarme para empezar nuevamente. Estuve con ella cinco años. Permanecí tres meses solo y cuando me involucré con otra persona no la tomé en serio porque tenía la esperanza de que ella podría volver. No lloré, pero hablé mucho, le insistí y le propuse sólo darnos un tiempo pero el rompimiento fue definitivo".
"Mi novia se fue para el interior y yo aproveché para ir a una discoteca con otra chica; ella regresó, lo supo y no me perdonó. Lo que me duele es que nunca tuvo la gentileza de perdonarme, sé que fui culpable, pero no me merecía ese trato. Para vengarse, ella se buscó otro rápido.
Fue difícil, la quería, lo nuestro era un tórrido y apasionado romance, me encantaba su forma de ser apasionada y entregada.
Al mes yo estaba con otra persona, no era tan apasionada como ella, pero lo compensaba con otras cosas, me hacía sentir atendido. A lo mejor no me convenía".