Para una población como la nuestra, que envejece, la necesidad de buscar alternativas para hacer más llevadera su existencia es responsabilidad de todos, porque la ley de la vida es envejecer.
Sin embargo, la vejez es mirada como un estigma y a las personas de edad avanzada se les aisla e impide seguir sintiéndose parte de la sociedad y útiles a ésta, en vez de nutrirse otras generaciones de las experiencias de las que les anteceden. En esto coincidieron quienes hicieron uso de la palabra en el acto de Clausura del Año Internacional del Adulto Mayor, hace unos días, en que hubo representación del gobierno, la sociedad civil y agencias de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, así como una nutrida audiencia compuesta en su mayoría por personas de edad.
Una vejez digna, plena de bienestar, activa, en que juntas las diversas generaciones construyen un mundo mejor es el gran reto que toca enfrentar y del que hay que ser partícipe.
Sí lo anterior es el ideal. La realidad actual es que se ven abandonados en las avenidas, hospitales y otros lugares a adultos y adultas mayores (principalmente hombres). Les faltan afecto, comida y atenciones. No siempre estas personas carecen de familia. Pero ¿dónde están?, ¿Cómo se resquebrajó esa relación filial? ¿No existe remordimiento? ¿Por qué se olvidan de sus mayores la gente de otras generaciones? ¿Dónde están sus derechos?
La familia debe crecer junta, ayudarse y velar por sus miembros. Sin embargo, hay mucho desamor y por lo tanto los frutos saltan a la vista: soledad, maltrato, negligencia. Muchas personas mayores que necesitan del apoyo del resto de la sociedad son dejados a su suerte y poco o nada se hace para obligar a familiares a hacerse cargo de ellos y honrarlos.
Este tema de la soledad, abandono y falta de roles de las personas de edad avanzada en el mundo de hoy lo trajeron a colación la Presidenta de la Federación Nacional de Asociaciones de la III Edad, Sra. Ana Teresa de Gómez, así como la Dra. Zulema Sucre, de la Dirección del Adulto Mayor del Ministerio de la Juventud, la Niñez, la Mujer y la Familia. Pero además del abandono se mencionó el maltrato verbal y hasta físico de que son víctima por parte de familiares.
Enseñar a niños y niñas el valor de la familia como núcleo básico social, el papel que cada miembro tiene, decirles que la unidad familiar es el fundamento del éxito en otros sistemas sociales es una necesidad apremiante. No se puede esperar que en la escuela aprendan valores como el respeto, amor filial, responsabilidad, justicia y otros tantos si en el hogar los lazos familiares son endebles y es muy pobre la calidad y cantidad del tiempo y comunicación disponibles para que se fortalezcan todos y compartan vivencias, opiniones y sueños. A veces sucede que los miembros de la familia son como desconocidos que comparten un techo.
Urge atender este clamor de la gente de edad avanzada por la atención del resto de la población. A nivel de país, de comunidad, de familia, hay gran necesidad de incrementar el amor, tolerancia y respeto a la individualidad de la gente mayor. En esta era de la informática, hay que aprender a ser familia, recordar que los cimientos del árbol familiar tienen que ser sólidos. Y que toda semilla llega a ser árbol, pero no hay garantía de que éste resista las inclemencias del tiempo solo, sin un buen hortelano. En su tiempo madres, padres, abuelos y abuelas fueron los vigilantes con sus esfuerzos y sacrificios de que la gente menuda superara etapas y lograra conquistas. Los cuadros que se aprecian en avenidas y otros sitios donde pernoctan personas de edad avanzada abandonada por su prole o por el resto de la sociedad panameña a la que ayudaron a progresar , son preocupantes. Hoy los grandes héroes y heroínas de la pirámide generacional parecieran ser árboles que sólo esperan el hacha.