Mientras usted disfruta al calor de la familia lo hermoso de las fiestas de fin de año, rodeado de regalos y una exquisita cena, se ha preguntado alguna vez qué sucede en las cárceles panameñas... Para "Laura", graciosa chiricana recluida en la Cárcel de Mujeres, este diciembre ha tenido un sabor amargo, y es que desde hace tres meses se encuentra en este centro.
Con la esperanza de resolver prontamente su caso, y entre lágrimas, Laura recuerda que esta Navidad no pudo ver a sus hijos, sólo pudo comunicarse con ellos vía telefónica. En este momento se prepara psicológicamente, antes de que se repita la misma historia en el Año Nuevo, y es que sus visitas son únicamente los domingos.
Pero no todo es tristeza en la Cárcel de Mujeres; allí se organizó un concurso para ver qué hogar era el mejor en arreglo y decoración. No obstante, la fiesta no pudo faltar, por lo que las reclusas recaudaron fondos para comprar comidas y así preparar su cena de nochebuena. Según una interna nicaragüense, quien no tiene a ningún pariente en Panamá, aunque hubo uno que otro llanto en la fiesta, reinó la hermandad.
Sin embargo, la suerte no es la misma en los Centros Penitenciarios de la Joya y la Joyita. Por motivos de seguridad, este tipo de actividades no están permitidas y cada quien enfrenta la llegada de la Navidad como el Año Nuevo, encerrados en sus celdas, tal cual si fuese una noche cualquiera. Para Carlos, ciudadano colombiano que lleva 28 meses en prisión, las tres últimas navidades que ha pasado tras las rejas han sido horribles, ninguna peor, cada una igual a la otra de frustrantes.
Carlos, como muchos de los reclusos, no tiene familiares en Panamá, por lo que su comunicación para estas fechas se limita a la vía telefónica. Sin embargo siente que estas experiencias le han servido para reflexionar, para conocer a Dios y valorar lo que es la vida.
"Hoy le doy gracias a Dios por estar aquí... afuera nunca hubiese cambiado", aseguró. Igual piensa un joven español de 25 años. Ha pasado cinco de sus últimos diciembres en la cárcel, pero espera muy pronto recuperar su libertad para terminar el bachiller. "Cada nochebuena lo único que pasa por mi mente es lo bobo que he sido por dejarme llevar", comentó.
Y aunque de seguro este mismo pensamiento se repite en las mentes de los reclusos de las diferentes cárceles del país y del mundo, lo cierto es que muchos de ellos hoy se arrepienten de los errores cometidos. En lo que definitivamente coinciden todos es que esperan que la sociedad les brinde una nueva oportunidad, porque de su parte ellos desean enmendar sus vidas.