Primero pescado blanco, luego pollo, otras verduras, pasta y por último la carne, y además cocinar de forma más compleja, no sólo sopas, purés y compotas. Así hasta completar una alimentación más equilibrada.
Al levantarse en ayunas: un vaso de agua caliente con limón.
Fruta fresca, la cual puede ser una manzana, pera, melocotones, melón, uvas o albaricoques.
Una rebanada de pan integral con miel, té o café.
Un zumo de frutas naturales.
Sopa de verduras.
Compota de manzana con dos galletas de avena o centeno.
Zumo de frutas naturales.
Zumo de zanahoria, remolacha y apio (es la mejor verdura para la vesícula)
Arroz integral y compota de manzana.
Una infusión de diente de león.
Es una de las frutas que a pesar de su sabor dulce apenas aporta calorías. Tiene interesantes propiedades diuréticas y depurativas, ideales para dietas. Aunque con moderación, pues abre el apetito. Es preferible que al comernos esta magnífica fruta lo hagamos sin la piel, ya que aunque la misma tiene muchos beneficios es muy difícil su digestión, lo que resulta un poco incómodo.
Existen varias clases; el más conocido es el de carne amarilla, pero también los hay de carne blanca y el paraguayo cuya piel es de color verde.
En cuanto a vitaminas, su mayor aporte lo hace de vitamina A y C. Sin embargo no debemos menospreciar su aporte de vitaminas del grupo B.
Nos aporta cantidades considerables de hierro. Además podemos encontrar potasio, fósforo y calcio.
Por cada 100 gramos podemos encontrar aproximadamente 0,60 gramos de proteínas, 0,10 gramos de grasas, 9 gramos de hidratos de carbono y 1,5 gramos de fibra.