Eleomar Puente en ArteConsult: El universo de Puente (Santiago de Cuba, l968) pareciera ser uno que oscilara entre valores altamente expresionistas y al tiempo figurativos. Valga la pena detenernos un tanto en esta dicotomía que no es tal. La primera variable la estableceríamos en torno a lla presencia de lo gestual asumido como un todo en el lienzo, elemento en base al cual tendríamos que asumir esa exterioridad social a la cual hace referencia su pintura. La segunda variable la estableceríamos en torno a las formas que conformarían -valga la reduplicación del concepto- ese universo y que sobrecogen al espectador por esas atmósferas amenazantes, apocalíptica, que evoca Eleomar Puente y que también estarían referidas a esa misma exterioridad social.
"...De fín de Siglo...", nombre que define a su muestra inicial en Panamá funge a manera de un conjunto de testimonios visuales en torno a lo que somos, como seres humanos, y en torno a lo que soñamos y hacemos en esta parte de mundo y dentro de esa exterioridad. Puente caricaturiza actitudes y formas de comportamiento y de relaciones y su concepción visual, sus metáforas, acrecientan nuestro desconcierto y nuestro temor que es tambien entendimiento. No es casual dentro de esta evaluación que las suyas sean consideraciones simbólicas y en torno a este transcurrir humano. Con ello el tono de ironía y paradoja y de desconcierto.
Es decir su mirada no es una que solamente devela sino que también connota. O sea una que encamina nuestros sentidos al tiempo que paralelamente ofrece norte a nuestra capacidad de percepción y de análisis.
En lo personal evocamos la obra de Ulises Bretaña Hevia (Pinar del Río, 1957) y en torno a la cual hay muchas más semejanzas de las que supondríamos y pese a los años que separarían a ambos artistas. Como Bretaña Hevia, Puente no se desliga de acentos ecologistas y sus disgresiones no escapan a la meditación de entornos que prestarían poca atención al ambiente natural. Como Bretaña Hevia, Puente crea un universo particular con claves diferenciatorias propias y personales. En el primero esos homínidos que irrumpen en el lienzo, acá las formas filosas y turgenciales. Como en Bretaña Hevia, Puente hace del color una manera y una forma de ser y de reflejar ese mundo. Como en Bretaña Hevia Puente no deja de lado ese cielo que, habría que insistir, en su caso anuncia tempestades y lluvias y a diferencias del cielo del artista de Pinar del Río, por lo general, apacible.
SILFRIDO IBARRA EN LEGACY FINE ART
Esta nueva muestra de Ibarra resulta menos impactante, visualmente hablando, que la anterior y en esa misma galería. Escasamente a un año de entonces, sus paisajes de ahora resultarían estáticos, constreñidos, fríos, como si de una fotografia pictórica se tratara. Aclaramos.
La fotografía, técnica visual que aprehende de forma directa la realidad, tiene esa particularidad de filtrar, por así decirlo, un elemento de vida en medio de ese instante que ella misma detiene y congela. La pintura, cuando sigue los pasos, paso a paso de la fotografía -y casos como éstos que nos parecerían extraños, en un medio como el nuestro no lo son si miramos con más atención óleos y acrílicos que nos deslumbran por su realismo- tiende a desconsiderar este elemento y termina por caer en esa inexpresividad que, contrariamente, trata de superar. Algo parecido sucede con estas catorce obras de Silfrido Ibarra(Chiriquí, l958). Parecieran asumirse de fotografías y no de sitios por él observados, de forma tal que la experiencia de contemplación, por así denominarla, viene por una fuente secundaria y no primaria.
Detalle que se magnifica cuando anotamos que Ibarra se aparta de lo que en la muestra de l998 parecía ser el ángulo de recreación artística. La soledad del paisaje observado por un ser humano que nos deja constancia de ese desamparo y de esa orfandad. Acá pareciera ser una soledad "complaciente" y no "expresiva" y a sus observadores nos deja la idea de mirarla a través de un velo que nos cubre ciertas áreas en las cuales bien estaría esa parte de "vida" a la que hacíamos mención anteriormente.
Ibarra mantiene, al fín y al cabo es un artista en toda la extensión de la palabra, esa capacidad de recreación cuidadosa y detallista. Con la salvedad que es un cuidado y un detalle que, como ese género de la fotografía a que hacíamos alusión, aspira solamente a enumerar cosas: hojas, ramas, piedras, arbustos, entre otros detalles y no a entregarnos la "suma" de ese conjunto. Tal y como el mismo Silfrido Ibarra hiciera el año pasado.
ENRIQUE TABARA EN PANAMA
El maestro ecuatoriano, nacido en l930 en Guayaquil, expone a partir del jueves 25 un conjunto de sus últimas obras en "Anonimous, Galería de Arte". Tabara, quien estuvo presente en la inauguración de la muestra, converso con nosotros en torno a sus obras y en a sus ideas sobre la vida y sobre el Arte. Próximamente parte de este valioso legado.