Variedades

Discute, pero sin soltar un solo puño

Discutir no es gritarse, no es calificarse, no es juzgar al otro. Es expresar un punto de vista sobre algo. Aunque sea totalmente opuesto al del otro. Se puede discrepar sin herir, sin humillar.


Juan y Pedro están sentados frente a frente en la dirección del colegio. Sus ojos miran todo, menos a su compañero. Han pasado cuatro horas. Pronto sonará el timbre anunciando el recreo.
"Son más tercos que una cabra", dice la aseadora, quien les pide permiso para trapear.
En la mañana se dieron de puños a más no poder. Unos trataban de separarlos. Otros los aupaban y tomaban partido.
"Llevan varios días en esto", dijo alguien cuando la maestra los halló dándose golpes y gritándose insultos.
"Aquí se van a quedar hasta que decidan que quieren conversar. Y mirándose a la cara", les señaló la supervisora Florencia Villamil.
Quizás tú no has vivido exactamente la situación que Juan y Pedro. Pero, como adolescente tienes o has tenido discusiones y diferencias con un compañero de clases, en el autobús, con tus padres, hermanos, un vecino, alguien en la cancha de fútbol...
Los conflictos son parte de la realidad cotidiana del ser humano. Son producto de acciones intencionales o inconscientes. También de percepciones erróneas de la conducta de otros.
Estos crean tensión, separan, impiden disfrutar la vida. Son una tonta forma de malgastar el tiempo y las energías. Pueden evitarse. Necesitan solucionarse.
Es importante que tú sepas manejar conflictos sin ganar enemigos.
Quizás te resulta difícil arreglar en buenos términos las diferencias que tienes con otros. Ponte a pensar que si, por ejemplo, andas como perro y gato con alguno de tus compañeros va a haber un malestar constante. Unos lo apoyarán a él y otros a ti. O sea, el grupo se dividirá. Aparte de esto, es casi seguro que llamen a los acudientes y se les va a formar otra guerra en casa. Ninguno se sentirá bien. Eso es incómodo.
Otra cosa, si andas de pelea con alguien en el salón, piensa que de todas formas, te guste o no, todos los días que dure el año escolar tienen que verse la cara. Tienen que convivir. Capaz que hasta los ponen a trabajar en grupo. Y si ninguno pone de su parte sacan mala nota los dos.Y también otros compañeros que no tienen la culpa de que ustedes no se lleven bien. No creo que te guste que otros te perjudiquen, ¿no?
Es asunto tuyo si quieres andar peleado con medio mundo o llevar la fiesta en paz. Pero, lo que sí te digo es que cuando la gente se pelea malgasta negativamente su energía, divide al grupo y les crea a sus compañeros problemas en el aula y con sus acudientes.
Cuando dos personas discuten o tienen diferencias hay que buscar en qué discrepan, por qué y ver si la rencilla es reciente o tiene historia larga. Así, buscando el origen y analizando ambas partes el asunto, asumiendo la responsabilidad que le toca a cada uno, es más fácil encontrar una solución.
  1. Acepta que hay un conflicto, problema, diferencia, mal entendido...

  2. Cuando ya aceptaste que algo anda mal, entonces debes estar dispuesto a poner todo de tu parte para solucionar esa diferencia y hacer las paces.

  3. Otra cosa que se me ocurre es que sería bueno que tú pensarás que pudiera ser que la otra persona es la que tiene la razón y tú estés equivocado. Que tú seas quien está haciendo las cosas mal. O que por omisión o negligencia ocasiones el problema que los afecta a ambos. Y sin duda a terceros, aunque a veces ni ellos ni tú se den cuenta.

  4. Ten en cuenta también que a veces lo que causa que dos personas se enfrenten no es sólo lo que se hace, ni lo que se dice. Es cómo actúa o cómo dice las cosas. Cada vez que abres la boca dices cosas que luego de dichas no se pueden recoger. Podrás lamentar, pedir disculpas, pero las palabras, no es cierto que se las lleve el viento. Cuando hay ira, frustración y se quiere hacer daño las palabras son como dardos. Unas hieren más que otras. También depende de qué tan sensible es la persona a la que se le dicen cosas desagradables.

  5. Cuando uno quiere hacer las paces con otro hay que hablar. Es la única manera de lograrlo. Inténtalo. Pon de tu parte. Eso sí, procura escuchar al otro. Lo que dice y cómo lo dice. Mírale el rostro y el cuerpo. Para ver si sus palabras y gestos quieren decir lo mismo o se contradicen. Y pídele que te aclare lo que no entiendas.

  6. Evita hablar a la vez que él, escúchalo. No lo interrumpas. Luego, tendrás oportunidad de hablar tú. Y hazle saber que así como tú lo respetaste y no lo interrumpistes esperas que él haga contigo.

  7. Detente un momento a pensar que lo más seguro es que quien discute contigo lo único que quiere es comprensión, espacio, oportunidad, atención. Ponte en su lugar. Y pídele que se ponga en el tuyo. Tiene que haber una mejor forma de caminar por la vida que pegándose puños y patadas. Que ponerse sobrenombres humillantes.

  8. Otra cosa que te podría ayudar es ponerte a pensar en por qué él otro actúa como actúa contigo. ¿Será que tú has hecho algo que lo ha lastimado? Trata de recordar. Conversa, pregúntale. No lo acorrales.

  9. Se me olvidaba decirte que también esto funciona. Saca un momento para pensar en cosas buenas de esa persona con la que andas de pelea. Es difícil, porque es normal que cuando se está disgustado sólo quiere verse lo malo de la persona con la cual las cosas no marchan bien. Pero, en honor a la verdad, hay que aceptar que nadie es totalmente bueno ni tampoco hay quien sea totalmente malo. Esa persona también tendrá, como tú, virtudes, cosas buenas.

  10. Cada vez que quieras irte a los puños o hacerle daño a alguien con tus palabras o actos, reflexiona. Trata de entenderlo, pregúntale por qué actúa contigo como tú percibes que lo hace. Dale la oportunidad de aclarar. Date la oportunidad de entenderlo. Es complicado, sí. Difícil. Pero, nada se pierde en el intento y puedes ganar un buen amigo. O recuperarlo.


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241465
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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