Sin duda alguna podemos afirmar que no existe en el calendario litúrgico un día más importante que el domingo de Resurrección, día central de todo el año litúrgico que prolonga la alegría por un período de cincuenta días como si fuera un solo día de fiesta, un "gran domingo".
La impresionante ceremonia de la Vigilia Pascual el sábado por la noche hace resaltar algunos elementos que enriquecen enormemente la espiritualidad de la celebración nocturna. El rito de la luz que se inicia con un cirio encendido que avanza lentamente en medio de la obscuridad simboliza a Cristo Luz del mundo que señala el camino a seguir en al vida y que es El mismo. La palabra de Dos, proclamada abundantemente, narra momentos importantes de la historia de nuestra salvación. El agua bautismal, que se bendice esa noche, nos recuerda el bautismo con el que se muere al pecado y se renace a la vida de la Gracia. La solemne eucaristía, llena de expresiones de alegría, es la misa más importante por ser el punto culminante del año cristiano.
Durante cuarenta días la iglesia nos estuvo preparando para las celebraciones pascuales que no nos recuerdan simplemente lo que pasó hace 2000 años, sino que nos hace revivir, actualizar, la presencia real de Jesucristo vivo en medio de la iglesia y en cada comunidad. El evangelio nos presenta la impactante escena de María Magdalena que al llegar a la tumba la encuentra vacía y entonces corre y se lo cuenta a Pedro y a Juan que corriendo también a la tumba la encuentran vacía. Jesús había resucitado tal como lo había anunciado a sus discípulos.
Este gran acontecimiento de nuestra historia es el que da sentido a nuestras acciones porque si Cristo no hubiera resucitado, nos dice San Pablo", Vana sería nuestra fe, vana nuestra predicación. (la. Cor. 15,14), es decir, ¿qué sentido tendría la iglesia, nuestras oraciones, la evangelización, etc. ? Seríamos los eternamente engañados y miserables. El escritor J.M. Descalzo dice que : "Sin género alguno de dudas, que la fórmula Dios resucitó a Jesús de entre los muertos es la parte más sustancial de la iglesia naciente. Esta afirmación viene a robustecer aún más el hecho innegable de que Jesús de Nazareth murió ajusticiado en una cruz, fue condenado por el sanedrín, ejecutado por los romanos, resucitado por Dios permanece vivo entre nosotros.