Balbina Herrera, ingeniera agrónoma, una mujer de larga trayectoria política y múltiples ocupaciones, decidió un buen día, cuando dirigía en ese entonces nada menos que el pleno legislativo, dedicar sus pocos ratos libres a darle a su casa ese toque personal y para ello empezó a leer revistas, a visitar anticuarios y a traer objetos decorativos de cuanto país visitara. Cada vez se fue entusiasmando más con la idea de decorar sus propias casas (tiene otra en Ancón, a la que también nos invitó). "Si contrataba a un decorador, las casas tendrían el gusto de él y no el mío", dijo Herrera, quien ahora se siente satisfecha, porque sus residencias reflejan su personalidad, unas veces agresiva, fuerte y trabajadora y otras veces calmada, apacible, tranquila.
A la entrada de su residencia en San Miguelito, la honorable tiene en las paredes, una colección de casitas decorativas, traídas de diferentes partes del mundo, de cada viaje que hace. Hay de Ecuador, Grecia y Colombia, entre muchísimas otras, en su mayoría estilo colonial. Del recibidor pasamos al den, donde muestra cuadros de pintores panameños. A ella le gusta el arte pictórico y en especial el desnudo, el estilo de Omar Llamas, Chong Neto, Palomino, Cedeño, Tatiana Pinzón y Marco Justine hijo, entre otros pintores panameños con cuyos cuadros decora sus paredes.
La casa también tiene un bar (aunque la legisladora aseguró que no toma), un cuarto de entretenimiento, con equipo de sonido y televisión, todo decorado en tonos blancos, el color que predomina en la casa, por dentro y por fuera, porque a la legisladora le gustan las cosas nítidas y el piso bien limpio, lo que le da mucha paz.
Cuenta además, con una biblioteca en la que incluye también poesías universales, porque la experta en aprobar y derogar leyes, se considera "super romántica". La residencia tiene tres habitaciones y una amplia cocina con muebles muy blancos. Ella es obsesiva con la limpieza. Además, le gusta lo antiguo, tiene una vitrina de madera de más de 40 años.
Una escalera en forma de espiral comunica a la terraza, donde en ocasiones hace ejercicios y por lo general realiza sus reuniones de trabajo. En las paredes del pasillo de la escalera, tiene una colección de platos decorativos traídos de los diferentes países a los que viaja y no repite un solo país.
Las plantas no podrían faltar, cuida sus helechos, que le dan ese toque de verdor a lo que creíamos era la salida de su casa, pero para nuestra sorpresa nos comunicó a otra residencia en el mismo lote, a la que ella llama su apartamento.
Allí tiene su propia cocina, más pequeña, pero acogedora y siempre blanca, una sala con tonos claros, sus habituales cuadros y su habitación en la que encontramos muchos peluches. Tiene un "walking closets" con toda su ropa casual y un cuarto de estudio con su computadora.
En Ancón, área revertida, está la casa 568, en la que la honorable legisladora dice recogerse en su mundo de paz. Es amplia, blanca, protegida por una cerca del mismo color. Al entrar, luego de habernos despojado de nuestros zapatos, como es de rigor allí, se siente de inmediato un aroma agradable, relajante. Y es que por toda la casa hay velas aromáticas y ricas esencias, que dan la sensación de mucha tranquilidad. No hay ostenticidad, sino finos detalles, todos con su por qué.
Al abrir la puerta estilo francesa se tropieza con las campanitas y produce un sonido que, según Balbina, despide todas las energías negativas que pudieran traer las visitas.
Eligió las puertas francesas para conservar el estilo de la casa desde su construcción y es que la honorable se la pasa todo el año invirtiendo en el mantenimiento de sus residencias. Ese es su "hobbye".
Lo primero que se ve al entrar, es una amplia sala con sillones blancos. Hermosos cuadros del maestro Manuel Cedeño, de Palomino, de Omar Jamas, del hijo del Coronel Justines, de Sacrison y hasta un desnudo de Chong Neto, adornan sus paredes. En una esquina de la sala están dos zapatitos (en cerámica) de niños humildes, de la calle, porque según dijo, le recuerda sus orígenes. Pasamos, a través de enormes puertas francesas, al espacioso comedor, donde tiene un cuadro de Tatiana Pinzón. En una esquina, en el piso, tiene unos atractivos arreglos florales disecados, muy originales.
La casa tiene un acogedor den que le da directamente al jardín. La cocina es más pequeña, pero siempre blanca.
Arriba está su habitación y al lado su "walking closet" con toda su ropa de trabajo, dice que usa mucho el negro y el traje sastre. Allí también está su colección de calzados, de la que dice usar muchas sandalias. Luego, su cuarto de baño, contiene una gran cantidad de accesorios, perfumes y toda clase de cremas, además de una enorme tina, en la que la honorable dice sentarse en las noches, la llena de agua, prende sus velas aromáticas y pasa horas de "relax".
La fachada de mi residencia es sencilla, explica la honorable, porque no me gusta la ostentación, lo que quiero es que cuando la gente entre a mi casa se sienta cómoda. "Cada casa representa la imagen de sus dueños y las mías representan los dos episodios de mi vida, donde inicio con mis hijos y donde busco más intimidad".
"Tenemos que aprender a disfrutar la vida. Siempre estamos pendientes de lo que no tenemos y no disfrutamos lo que tenemos. Le doy gracias a Dios por lo que soy y lo que tengo", terminó diciendo la popular legisladora, con un guiño de satisfacción y orgullo por lo que ha logrado en su vida y ahora en su faceta de diseñadora empírica.