Variedades

Editorial navideño


NAVIDADES DE 2001: Al cierre del año la conclusión es apocalíptica: en Estados Unidos y en Europa se gastaron 105 mil millones en alimentos para perros, gatos entre un sinfín de animales domésticos y en Japón se invirtieron 35 mil millones en cuantas actividades relacionadas con el entretenimiento y la diversión se hicieron realidad en el llamado país del sol naciente.
Este cierre de año también ofrece un balance de 8 mil millones de dólares gastados, solamente, en cosméticos en la "gran nación del Norte". Contrastando con estas cifras, un informe actualizado en torno al comportamiento de la pobreza en nuestro planeta indica que 30 mil niños (as) murieron diariamente o bien de hambre o bien por causa de enfermedades de fácil prevención como la, diarrea, la pulmonía o la malaria a lo largo de cada uno de los días transcurridos en este primer años del nuevo milenio. Así las cosas tal parecería que hablásemos de dos mundos diferentes, uno de despilfarros y uno de necesidades y embargo hablamos de uno sólo y uno mismo, nuestro planeta Tierra.
Un sólo mundo aunque se trate de un llamado "primer mundo" (con referencias directas al grupo de las ocho naciones industrializadas que existen sobre la Tierra) y de un "tercer mundo" (con referencias directas al resto de las naciones de la Tierra). Un mundo sólo aunque hagamos mención en el primer rubro a seres humanos que tienen todo lo que desean y aún mucho más de lo que desean para sobrevivir y hagamos mención en el segundo rubro a seres humanos que no tienen nada ni siquiera lo mínimo para sobrevivir. Este es el mundo con el cual cerramos este primera año del nuevo milenio. Como quien dice uno, un 1%, que es dueño absoluto de todas las riquezas -el mundo de las "grandes potencias"- y otro, un 99%, que es dueño absoluto de todas las carencias y todas las necesidades -el mundo de los "países pobres".
Este es el mundo de estas Navidades del 2001. Y mentira es que estos desbalances, este mundo cambie solamente con buenos deseos por parte de quienes lo tienen todo (incluso los deseos), con esperanzas (por parte de quienes nada tienen y se repiten que la esperanza es lo último que se pierde) y con una dosis millonaria de optimismo (mismas que les insisten que las cosas no pueden ser peores de lo que ya son). Este es un mundo que no cambiará con palabras sino con acciones.
Este es un mundo, una vida si bien se quiere, que cambiaría cuando quienes más tienen entiendan que aquello de lo cual no tengan necesidad y no usan, no les sirve, y que no les pertenece sino a aquellos que tienen necesidad y sin embargo no pueden usarlo porque se les niega el acceso a ello. La Iglesia, claramente, lo anota: este planeta es para todos (as) sus habitantes y no solamente para unos (as) cuantos (as) de ellas (as) y ninguno de sus habitantes cuenta con el poder de decidir por encima de los derecho de los otros habitantes.
Metafóricamente la Iglesia lo ilustra: las camisa y los zapatos de nuestro armario lleno de camisas y de zapatos pertenece a quienes no tienen camisas ni tienen zapatos. O como se señala en una antigua cita: "da de comer al que muere de hambre porque si no le diste de comer, lo mataste". En otra dimensión del mismo planteamiento, Mahatma Gandhi mencionaba que siete cosas terminaban con las naciones y con los seres humanos que las conforman: POLITICAS SIN PRINCIPIOS, PLACERES SIN CONSC8IENCIA, RIQUEZAS SIN TRABAJO, CONOCIMIENTOS SIN CUALIDADIDADES, COMERCIO SIN MORALIDAD, CIENCIA SIN HUMANIDAD, CULTO SIN SACRIFICIO.
Quizá lo que menciona el padre Martín Sepúlveda en "Vida Pastoral, octubre/diciembre 2001 - que nos facilitara Mersha de Ferrer y origen de esta nota- tenga la respuesta: vivir con la idea de que la palabra "paz" tiene nombre nuevo: "solidaridad" y entender que si queremos imaginar un cambio, más allá de la imaginación, hay que comenzar por entender este nuevo orden. Y entenderlo a la mayor brevedad posible.


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29957
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América