Para que la actividad física sea beneficiosa, no necesita de tiempo y más tiempo, no tiene que dedicarle horas. Si piensa así, postergará eternamente el comienzo de su entrenamiento. Usted puede hacer pequeñas fases de ejercicio en sesiones de quince o veinte minutos, repartirlas a lo largo del día o acomodarlas de la forma que le quede mejor. El organismo siempre se beneficiará.
Además, estas pequeñas sesiones le ayudarán a ejercitar el músculo cardíaco y lo animará a cambiar sus costumbres sedentarias como un puente para empezar a ejercitarse bien; pero no olvide que la palabra clave es el esfuerzo.
Para que el ejercicio pueda ayudarle a combatir enfermedades cardiacas, debe poner el corazón a trabajar con más fuerza, lo que hará que como cualquier otro músculo, con el tiempo se vuelva cada vez más fuerte.
Tenga en cuenta que cuando comience sus ejercicios, lo más seguro es que los primeros días sentirá algún dolor en la espalda, piernas, o en la cintura, debido al esfuerzo al que su cuerpo, obviamente, no está acostumbrado (¿y como va a estarlo, si nunca se ejercita?)
No se deje impresionar por estos dolores, los cuales son uno de los grandes motivos por los que quienes comienzan abandonan los ejercicios. Esto es como casi todas las cosas de la vida: los beneficios toman tiempo para aparecer, mientras que las contrariedades son casi instantáneas.
El ejercicio también ayuda en la formación del colesterol llamado bueno, que protege de problemas cardiacos, reduce el colesterol malo y hace que las células endoteliales, que se encuentran en las paredes de las arterias, se vuelvan más saludables, lo que ayuda a prevenir su taponamiento y endurecimiento.