Luego de una breve espera y en un día en el que el ir y venir de cajas era lo característico, estaba ya con nosotros, en la sala principal de la residencia oficial, Simón Ferro, quien como siempre, nos recibió con sencillez y amabilidad, una aptitud que le hizo a él y a su esposa Carmen, ganarse más de un amigo en suelo panameño, durante los dos años que estuvo como Embajador de los Estados Unidos en este país.
Luego de llevarse las últimas imágenes de su residencia en Panamá se inició la entrevista, no sin antes saborear un delicioso café cubano.
Sobre el importante papel que desempeño en su gestión, la cual lo hará entrar a la historia de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos, Ferro indicó que su llegada a Panamá como embajador fue como un cuento de hadas, pues nunca se lo esperó y mucho menos participar en uno de los acontecimientos más importante en la historia de Panamá, la Transferencia del Canal.
Para el embajador saliente, quien no posee una carrera diplomática, esa fue una recompensa inmerecida. Su formación como abogado, su inexperiencia y su mentalidad de no venir con ideas predispuestas y antiguas sino usando el sentido común lo ayudó enormemente, dice.
Señala que gracias a Dios las cosas se les hicieron fáciles, primero porque contaron con la suerte de trabajar con un gran grupo de compañeros en la Embajada de Estados Unidos quienes los guiaron y adoptaron como parte de su familia. El pueblo panameño en todos los niveles les abrió los brazos. Indudablemente que el hecho de poseer una cultura latinoamericana influyó positivamente en su integración a un país que nunca antes habían visitado y en el que no contaban con amigos ni conocidos.
Entre los momentos que nunca olvidará y que recordará con gran emoción y agrado está el día de la transferencia oficial del Canal a manos panameñas, cuando la presidenta de la República Mireya Moscoso se dirigía al público y de repente cayó un fuerte aguacero. Señala que los cuatro hombres junto a ella, incluido él, nunca se atrevieron a pedir una sombrilla mientras la presidenta no lo hiciera, y aunque se mojaron esa lluvia representó para él lo que era Panamá y su clima fresco.
"PANAMA TIENE UN FUTURO INCREIBLE"
"Aprendí algo nuevo cada día que estuve en Panamá. Primero que Panamá es un país extremadamente bello, casi sin descubrir. Desde sólo ir al lago Gatún y alquilar una lanchita y ver la belleza natural del sistema mismo del lago y la selva virgen, o salir al Archipiélago de Las Perlas, San Blas, Bocas del Toro o a muchos otros lugares me hace pensar que Panamá es un país en donde su belleza no ha sido todavía utilizada al máximo", manifestó Ferro, al tiempo que dijo "Panamá en el turismo tiene un futuro increíble, siendo uno de los primeros destinos turísticos".
Destacó la belleza del panameño, una persona que al tiempo que es trabajadora y noble, sabe reconocer que la vida hay que saberla disfrutar, algo que él comparte.
"Desde el 1 de enero del 2000 empezamos a desarrollar lo que creo será la base de la continuación de las relaciones de Panamá y Estados Unidos". Unas relaciones que enmarcó dentro de "la confianza y respeto del uno al otro y en una política transparente sin buscarle la quinta pata al gato".
EL FUTURO
Una de las metas personales que se plantea ahora que deja la embajada, es la de crear más lazos de amistad y de comercio entre Miami y Panamá. De hecho su preocupación radica en que "se concibe erróneamente que Miami y Panamá compiten en materia comercial y de negocios, cuando en realidad la economía y el futuro de Miami está ligado a cosas completamente distintas a las de Panamá".
Ferro aseguró que las experiencias vividas le fortalecieron en la rama diplomática, pues conoció un mundo increíble y bonito del que nunca pensó que formaría parte.
Simón Ferro destacó que en Panamá pasó muchos días cansado, pero feliz, porque el hecho de ser embajador requiere de mucho trabajo, no obstante, indicó "nunca he trabajado más como lo hice en estos dos años, pero afortunadamente es de esos trabajos que al final te dices ¡vaya, qué orgullo y que satisfacción!".
Hablando un poco sobre gastronomía, el Sr. Ferro se confesó poco complicado a la hora de comer. "A mi tú me das un plato de "concolón" o "raspa" (como se dice en Miami), y yo estoy contento", apuntó, al tiempo que dijo que casi ha visitado todos los restaurantes de Panamá y ha disfrutado de varios platos propios de su gastronomía que tiene mucho parecido a la comida cubana. Dijo que le encanta el sancocho, la ropa vieja y que los mejores mariscos que ha probado en su vida ha sido en Panamá, de allí que por lo general los fines de semana se le podía encontrar en el Mercado del Marisco buscando calidad y frescura. Por su parte, la Sra. Carmen manifestó su gusto por el tamal de olla, las carimañolas, el plátano en tentación y el arroz con guandú.
COLECCIONISTA DE CD
Ferro se confiesa coleccionista de discos compactos y por tener sangre cubana su género predilecto es la salsa, sin embargo a Miami se lleva varios álbumes de artistas panameños, entre ellos, los de Sammy y Sandra Sandoval. Indicó que en nuestra tierra aprendió a bailar al ritmo de la música típica de acordeonistas como Osvaldo Ayala.
Los últimos días de la familia Ferro en Panamá, la pasaron compartiendo con amigos. Para ellos esta no es una despedida para siempre, porque si así lo fuera no podrían contener el llanto, su intensión es regresar muchas veces a la tierra en donde nació su hijo y de la cual quieren que él crezca reconociéndola.
Ferro volverá a sus labores de abogado intentando continuar lo que dejó al aceptar el reto de representar al gobierno norteamericano en Panamá. A su regreso a Miami se alojarán en casa de sus padres, mientras se decidan dónde vivirán.
Hoy jueves en horas de la tarde será su partida, un día que catalogaron como triste, pero con la ilusión de volver a ver a su familia.
Finalmente Simón Ferro indicó que reconstruirán sus vidas con todo lo bueno que acumularon durante su estancia en Panamá, un país del cual se van completamente enamorados.