Guiadas por la espiritualidad y el deseo de ayudar, el 1 de agosto de 1967, se fundó el Cuerpo de Voluntarias del Complejo Hospitalario Metropolitano de la Caja de Seguro Social. Hoy día este grupo ha aumentado, existen ocho capítulos a nivel nacional, pero siguen teniendo como luz de inspiración la solidaridad con quienes más las necesitan.
Estas ochenta damas que han elegido el rosado como su color distintivo, con un estatuto propio y la reglamentaria personería jurídica, han ayudado y dado un apoyo a lo largo de su existencia a los pacientes que se encuentran hospitalizados en el Complejo Hospitalario.
La tarea no es nada fácil, por lo que se han dividido en seis comités que tienen como sede una oficina en el hospital, cada uno destinado a atender a los pacientes de las distintas áreas del centro hospitalario, realizando desde labores de recreación hasta repartiendo obsequios en la época navideña.
Rosa E. Sarmiento, actual presidenta de las voluntarias, explicó que hay un grupo que asiste todos los lunes al hospital por un espacio de dos horas, con el fin de entretener a los pacientes con actividades recreativas o escuchando sus inquietudes y dudas, mientras que otro enseña y comparte el arte de la costura y el comité de lactancia materna se encarga de promover entre las féminas, la importancia y ventajas que representa para los infantes el ser alimentados con el pecho de su madre.
Una de las características primordiales de quienes participan desinteresadamente en este grupo es que tienen la fuerza para dedicarse a los pacientes y más aún cuando éstos se encuentran en una etapa terminal.
Las voluntarias se enfrentan mensualmente a esta última situación cuando se dirigen al Hospital del Hogar de la Esperanza, un centro ubicado en Veracruz, sector oeste del país.
Allí se observa cómo los pacientes que van camino a la muerte luchan diariamente por sobrevivir. Su esfuerzo por brindar esperanzas a quienes no la tienen es admirable y persistente. Aunque, en algunas ocasiones, estas nobles señoras entregan más que todo víveres y materiales que se necesitan en el hospital.
Para mantenerse como grupo y cubrir sus gastos, cada una de las voluntarias da una cuota anual de 25 balboas, que aunque no es suficiente para cubrir todos los gastos, sí ayuda para mantenerse. La unión entre ellas también es importante y algunos fondos salen del bolsillo de las que cuentan con más recursos.
Duplicar los esfuerzos para servir al más necesitado debería ser la meta de todos, sin embargo, sólo hay pequeños grupos que luchan y se esfuerzan por ayudar a su prójimo, teniendo como guía y recompensa el amor de Dios.