Variedades

El amor rompe el hechizo

Los niños de Olimpiadas Especiales, invitados especiales, no se perdieron detalle de ?La bella y la bestia?.


Unos iban de la mano de sus padres. Otros caminaban junto a sus progenitores o cuidadores. Eran más de un par de cientos de niños de entre uno y diez o doce años. Revoloteaban como mariposas listas para saborear el néctar de las flores. Quizás hasta habían pasado la noche en vela, porque la ansiedad les robaba la calma. El espectáculo por lo que les habían dicho prometía ser maravilloso.

No habían las manecillas del reloj marcado las seis de la tarde y presurosos querían entrar al Centro de Convenciones ATLAPA, sabedores de que muy pronto serían transportados a mundos maravillosos , gracias a la magia de las artes escénicas.

Era la noche de este jueves, 3 de julio. "La Bella y la bestia", el gran musical que se estrenaría al día siguiente, o sea ayer viernes, venía por primera vez a Panamá, para deleite de chicos y grandes. Con hermosos vestuarios, danza, canto, música, actuación que no tiene nada que pedir a los grandes escenarios allende las fronteras y con una pieza artística cargada de mensajes para niños y adultos que necesitamos a menudo de esos llamados a la reflexión. Y ¡qué mejor manera de tocar a las puertas del corazón y el entendimiento que con las artes escénicas!

 

Que belleza hay que buscarla es en el interior, en el corazón de las personas, que proyectan su bondad, humanismo y sensibilidad a través de sus actos, fue uno de los mensajes que transmitió el musical "La Bella y la Bestia", a esa audiencia del jueves, compuesta mayormente por niños, quienes también aprendieron que no hay que fiarse de las apariencias. O lo recordaron, si es que mamá, papá o alguien se los había dicho antes.

Hechizos .
Y no sólo en el escenario en la trama de "La Bella y la Bestia" que se presenta hasta este domingo en el Teatro Anayansi, bajo la magistral dirección de Bruce Quinn. También quedaron hechizados con todo el espectáculo los pequeños espectadores cuyos ojos no se separaban del escenario y escuchaban al narrador y veían como en cada escena se entretejían los hechos y cada actor y artista hacía gala de su talento.

El vestuario, el escenario, la música, cada detalle contribuía a transportarlos, ya sea a la aldea donde todos excluían a Bella, por ser diferente y hasta la llamaban rara, porque leía y tenía sueños. Sueños de crecer, de ampliar su mundo físico y mental. De romper barreras. Y lo hizo. Rompió, con su amor, el hechizo. Hizo sufrir una metamorfosis a Bestia, que descubrió que podía alimentar su corazón, mente y boca con cosas buenas y sentimientos bellos, que se reflejan. Por otra parte, ni el propio Gastón, en su narcicismo y petulancia logró jamás entender a la joven aldeana, que quería escapar de la monotonía, que sentía que esos mundos de los libros no eran ficticios, como se probaría más tarde. De hecho, la vida es una gran escuela y es también como un libro abierto que hay que estar dispuesto a leer con mente alerta y abierta.

 

Los sacrificios que alguien que ama es capaz de hacer por el ser amado quedaron de manifiesto en la obra. Como la gracia de actores y actrices que fueron premiados con aplausos, sonrisas y expresiones de aceptación. Llenaron las expectativas.


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392670
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América