Incluidos en el hábito alimenticio de la población mundial, el azúcar refinado y la sal fueron, en épocas remotas, preciosas porciones consumidas en los banquetes de las cortes o en los salones de la burguesía.
Hoy, la medicina condena el abuso de estos dos ingredientes y alerta sobre los problemas causados por el uso excesivo de sal y de azúcar, principalmente, azúcar refinado.
Los endocrinólogos, cardiólogos y dentistas son los que más combaten el azúcar refinado. Visible en terrones o en polvo, o invisible en tortas, caramelos, refrescos, etc, el azúcar refinado es considerado una de las mayores causas de caries dentales, de obesidad, de aterosclerosis, de diabetes en personas propensas e, incluso, de infertilidad en las mujeres.
El azúcar refinado es de fácil digestión, pasando rápidamente a la sangre y liberando una hormona llamada insulina, que transforma el azúcar en grasa, sacándola rápidamente de circulación, provocando hipoglucemia (falta de azúcar), que se manifiesta por síntomas como la somnolencia, cefalea, tensión nerviosa e irritabilidad. Los azúcares existentes en los alimentos hacen innecesario el uso de azúcar refinado.