Desde hace muchos años, una propuesta revolucionó el contenido de los programas televisivos, cuando surgió la idea de llevar a la pantalla lo que le ocurría a las personas en su vida cotidiana.
Este género se denominó "reality show", proyectos que hoy en día se ejecutan en un formato, podríamos decir, muy diferente al que se planteó en años anteriores.
Ahora, contrario a lo que se vio en 1973, cuando se llevó a la pantalla "An American Family", el primer "reality show" creado, la intención es llevar a personas con vidas cotidianas para que se conviertan en estrellas de televisión.
Los teóricos establecen una clasificación de los programas, dependiendo de las funciones sociales que se han atribuido a la televisión, que son las de formar, informar y distraer, de las cuales derivan, respectivamente, los programas educativos, informativos y de entretenimiento.
Son muchos los autores que coinciden en que este género no pertenece en exclusiva ni a lo informativo ni a lo educativo ni a lo espectacular ni a lo real ni a lo ficticio, sino que pertenece a todos al mismo tiempo, lo que lo convierte en un género "total".
Difíciles de enumerar son los programas de este tipo que han surgido a nivel mundial. Pero en el caso de Panamá, en el año que termina, pudimos ser testigos de dos proyectos que acapararon la atención de miles de televidentes.
En primer lugar llegó "Vive la Música" (tipo American Idol y Operación Triunfo) producido por TVN; y posteriormente, "Bailando por un sueño", adaptación del programa original de Televisa, México, transmitido por Medcom. Ambos tendrán su segunda versión el próximo año.
Atendiendo a los formatos de los "reality show" que existen, podemos mencionar el de observador pasivo, en donde la cámara observa pasivamente las actividades cotidianas de una o varias personas; la cámara escondida, cuando las personas ignoran que son filmadas y el tipo concurso, en donde los participantes se enfrentan por un premio en un ambiente controlado y son grabados.
En conjunto, estos programas tienen un impacto social. El televidente se sumerge en una espiral de emociones, escapa de la realidad, se distrae de sus preocupaciones, comparte en familia y sobre todo se siente identificado con los participantes.
En este punto radica el éxito, pues la audiencia, en la mayoría de los casos, tiene participación activa en las decisiones que se toman, como en el caso de las votaciones por llamadas telefónicas.
Según describe Alexander Sánchez, sociólogo y psicólogo, "los "reality show" han dado paso a aspectos psicológicos y culturales claves en la audiencia, acaparando la atención de personas de diversa condición económica, étnico - social o educacional".
Por otro lado, los concursantes están propensos a ser irrespetados por las demás personas, ya sea resguardadas en sus fallas sobre el escenario o por alguna situación irregular que se haya hecho pública. "El irresponsable, la antipática, la fea, el gordo, etc., son algunos de los improperios de los que pueden ser blanco", manifestó el especialista. El efecto es bastante nocivo socialmente, en muchas ocasiones.
Detengámonos un momento y dejemos a un lado el éxito de "Vive la Música" y "Bailando por un Sueño", en el caso de Panamá, y "Operación Triunfo", "La Academia", "American Idol", entre otros, competencias sanas, en donde cada concursante se entregó sobre el escenario para lograr su sueño de convertirse en estrella. Ahora, pongamos sobre la mesa proyectos como "La Isla de la Tentación" y "El Príncipe Azul", por poner un ejemplo.
Aquí, la morbosidad fue el centro del programa y como muchos sentimientos negativos, ésta es adictiva. Estos modelos que aquí se transmitían, eran modelos de relaciones humanas muy destructiva que, exacerbada, concentrada y mostrada como única realidad, produce el efecto de valorizar los antivalores.
Rodolfo de Gracia, profesor y escritor, coincide en que estos programas televisivos tienen un impacto social positivo y negativo a la vez. Señala que, "como la sociedad está alienada y no encuentra la manera de llenar el vacío que experimenta y solucionar sus problemas, entonces se regocija, se contenta o se conforma con ver a los demás exponer sus problemas, situaciones que, aunque a todas luces sean falsas, sirven para identificarse con ellas".
"En lo que respecta a este tipo de proyectos televisivos, podemos concluir que algunos no le hacen daño a la sociedad (ejemplo oportuno son las competencias por buscar un nuevo artista), pero otros sí buscan acaparar grandes niveles de audiencia (rating) lucrando con situaciones que preocupan a la sociedad de hoy, como la pobreza, la infidelidad, entre otros", alegó de Gracia.
En Panamá, los "reality shows" poco a poco están encontrando su mercado, y programas de este corte, con contenido más agresivo, formarán parte de nuestra cultura televisiva, según lo que se percibe.
Para el productor y cineasta panameño, Jorge Ameer, estamos frente a una sociedad que manifiesta una curiosidad extraordinaria por cualquier tipo de polémica, por lo que ya no se conforma con conocer sobre la imagen de ciertas figuras del espectáculo, sino más bien exige ir más allá de lo común.
¿Se puede lograr? Por supuesto que sí, la clave es encontrar una forma de cultivar una conexión apropiada entre lo que el público demanda y las ideas que se plantearán en base al participante.
"En todo esto hay un límite; indagar en cuestiones que dañen la imagen de la persona resulta riesgoso, porque luego que se termina el espectáculo la vida continúa".
En términos generales, como toda moda, llegará el momento en que los "reality shows" no sean un atractivo para la audiencia y una nueva tendencia surgirá en la pantalla chica para complacer a una audiencia cada vez más exigente.
Mientras tanto, estos programas son un espejo virtual, cuyo reflejo, en cierto modo manipulado, muestra aspectos del ser humano corriente, la expansión del territorio televisivo y a una sociedad que permanece muda y acepta estos proyectos con complicidad.
El "boom" televisivo de los últimos años
La curiosidad del público con estos programas se refleja en el número de producciones que proliferan en el mundo.